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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1125

Ignacio observó el rostro de Tatiana, que estaba a escasos centímetros del suyo, y de pronto un recuerdo de la secundaria golpeó su mente, reviviendo un viejo trauma.

En su clase había un grupo de amigos inseparables, y él era uno de ellos.

Era el primer día de clases después de las vacaciones. Uno de los chicos llegó al salón cubierto de tierra y sangrando por la nariz. Por su aspecto lastimoso, era evidente que le habían dado una paliza.

Todos corrieron a preguntarle qué había pasado y quién se lo había hecho.

—Iba entrando con la bicicleta y, sin querer, le rocé la parte trasera de la suya. Le pedí disculpas, se los juro, pero ella bajó, estacionó su bici y se me fue encima —explicó el chico, tocándose la cara con dolor—. Tenía los puños de piedra, me dolió muchísimo.

—¿De qué salón es?

—No sé.

—¿Cómo se llama?

—No sé.

El pobre no sabía nada. Lo regañaron por inútil y lo llevaron a la enfermería. Allí, el médico le levantó la camisa y descubrió varios moretones enormes. Le habían dado patadas con furia.

Indignados por las heridas de su amigo, el grupo entero juró venganza.

Por suerte, a la salida, el chico reconoció a su agresora y la señaló. Al mirar en esa dirección, todos soltaron una exclamación de sorpresa.

—¿Es una mujer?

La responsable de la golpiza era una chica de cabello largo y lacio, vestida con una faldita rosa, que irradiaba un aura inocente y adorable.

La primera reacción de Ignacio fue de absoluta vergüenza. Un hombre recibiendo una paliza de una chica así... y ahora ellos, en grupo, iban a reclamarle. Aunque le parecía humillante, no quiso abandonar a sus amigos. La acorralaron en un callejón detrás de la escuela.

—Tú... ¿por qué golpeaste a nuestro amigo? —tartamudeó uno de los chicos.

La chica soltó una risa fría.

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