—Apenas llevamos medio mes desde que terminamos. ¿Tienes el descaro de decir que no es mío?
Yolanda torció los labios con desdén.
—Pues mira, fíjate que no tiene nada que ver contigo.
Ignacio apretó las mandíbulas.
—¿O sea que te revolcabas con otro mientras estabas conmigo?
—Yo no le llamaría a lo nuestro una relación. Solo pasábamos el rato.
—¿Qué quieres decir?
—Tú querías una mujer para pasar el rato, yo quería dinero. Así de fácil. Pero si te quedaste en la ruina, lleno de deudas y con tu negocio al borde del colapso, obvio que iba a abandonarte. Ah, y por cierto, él es mi verdadero novio. Llevamos ocho años juntos.
Las palabras de la mujer dejaron a Ignacio completamente aturdido.
—¿Cómo que no era una relación? ¿Cuándo me quedé en la ruina? ¿Qué deudas? ¡¿Y resulta que tenías novio desde hace ocho años?!
—¡Deja de hacerte la víctima! —espetó Yolanda.
Aún débil por la intervención, no quería hacer un escándalo. Señaló directamente a la mujer que se escondía detrás de Ignacio.
—Tus acreedores te persiguen día y noche. ¿Y todavía tienes el cinismo de decir que no estás quebrado?
Ignacio estaba más perdido que nunca.
—¿Estás diciendo que ella es a quien le debo dinero?
Sabiendo que la habían atrapado, Tatiana le tiró de la manga disimuladamente.
—Mejor ya vámonos... Seguro la señorita Méndez nos necesita arriba.
Él se zafó de un tirón y le clavó una mirada gélida. Luego volvió a enfocarse en Yolanda.
—¡Explícate de una buena vez!
Al ver la confusión real en la cara de él, Yolanda palideció.
—E-ella me engañó... Me dijo que le debías millones, que tu familia te había cortado los fondos y que iba a obligarme a mí a pagar la deuda. Por eso yo...

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...