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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1175

Isabella fue a la escuela a recoger a los niños. Al verla, ambos corrieron llenos de alegría a arrojarse a sus brazos.

—¡Mamá, te extrañé muchísimo! Te pensé todos los días, cuando comía, cuando dormía, cuando estaba en clase. Te extrañé tanto que hasta bajé un par de kilos —dijo Samuel, abrazándose a la cintura de Isabella sin intenciones de soltarla.

Isabella tomó el rostro de Samuel entre sus manos y lo examinó; no había adelgazado nada, de hecho, se veía hasta un poco más cachetón.

Aunque Lucas no era de decir cosas tan cursis, también se aferró a ella, con su carita siempre tan seria mostrando una inmensa felicidad.

Isabella se agachó y le dio un sonoro beso en la mejilla a Lucas.

—Mi amor, mamá también te extrañó muchísimo.

En un día normal, Lucas jamás habría dejado que lo besara frente a sus compañeros, pero hoy no solo no se negó, sino que la abrazó y le devolvió el beso.

—Mamá, yo también te extrañé.

¡Qué Lucas dijera algo así era un milagro! Isabella tuvo el impulso de apartar a Samuel para abrazar a Lucas y llenarlo de besos.

—¡Mamá! ¡¿Acaso soy invisible para ti?! —reclamó Samuel, haciéndose el ofendido.

Isabella soltó una carcajada y lo llenó de besos también.

—¿Así está mejor?

—¡No me dijiste "mi amor"!

Isabella lo abrazó más fuerte y le dio otro beso.

—Mi amor precioso, mamá también te extrañó a ti.

—Hmph, se nota que me lo dices por obligación.

Isabella le alborotó el cabello a Samuel y se preparó para llevarlos al auto.

—Esta noche mamá los llevará a cenar fuera.

—¡Sí, genial! —celebró Samuel, emocionado.

—Pero primero tenemos que llevarlo a él a casa —interrumpió Lucas, señalando a un niño que estaba detrás de ellos.

Isabella dirigió la mirada hacia el pequeño. Tenía más o menos la misma edad que Lucas y Samuel, pero era muy delgadito y menudo. Al ver que Lucas lo señalaba, se puso extremadamente tenso, bajando la cabeza sin atreverse a mirarla.

—Eh... ¿este chiquito es su compañero?

Samuel asintió con entusiasmo.

—Enzo Crespo.

Isabella intentó conversar un poco más con él, pero lejos de relajarlo, sus palabras parecían ponerlo más nervioso y asustado. Al notar esto, decidió no forzarlo; temía aterrarlo aún más.

Al llegar a la mansión, apenas cruzaron la puerta cuando Belén apareció echando chispas.

—¿Qué te pasa por la cabeza? ¡Tu maestra me dice que te hace preguntas y no abres la boca! ¡Te la pasas distraído en clase y no sabes contestar nada! La escuela ya piensa que tienes un problema de aprendizaje, ¡hasta me pidieron que te lleve a que te hagan una prueba de inteligencia!

Belén se iba enfureciendo más con cada palabra, al punto de que casi levanta la mano para darle un manazo.

El niño, que ya de por sí era asustadizo, comenzó a temblar de pies a cabeza ante los gritos.

Al verlo así, Samuel lo agarró rápido de la mano y se lo llevó corriendo escaleras arriba.

—¡Tía abuela, si te pones así de enojona, te van a salir arrugas y ya no te vas a ver bonita!

Tras el estallido, Belén pareció arrepentirse un poco. Se llevó la mano a la sien y soltó varios suspiros pesados.

Apenas acababa de dar a luz a su hija y aún estaba en su etapa de recuperación, y de la nada, Víctor le había dejado este regalito.

—¿Por qué está tan alterada? No es para tanto, ¿verdad? —preguntó Isabella.

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