Se quedó mirando el rostro de Romeo. Probablemente, esa sería la última noche que pasarían juntos. Quería observarlo bien; al fin y al cabo, era el único hombre al que había amado en toda su vida.
En comparación con sus años en la universidad, las facciones de su rostro se habían vuelto más marcadas, más varoniles. En aquel entonces aún conservaba un aire juvenil, pero ahora era todo un hombre maduro.
En esos tiempos también era frío, pero era una frialdad arrogante, como si pensara que todos a su alrededor eran idiotas y él era el único inteligente y consciente.
Y ella era una de esas idiotas, por lo que el brillante Romeo siempre creyó que ella no estaba a su altura.
Pero aceptó salir con ella, y también aceptó comprometerse. Cuando la gente le preguntaba, respondía con indiferencia que le daba igual, que casarse con cualquiera era lo mismo.
A ella le dolieron profundamente esas palabras, y por eso le fue tan fácil pedirle que terminaran.
Si... si tan solo él hubiera sido más sincero en ese entonces, si ella hubiera confiado un poco más en él, ¿dónde estarían ahora...?
—Según nuestros planes, íbamos a casarnos apenas nos graduáramos —dijo Romeo de repente, abriendo los ojos y mirándola.
No estaba dormido. También estaba recordando el pasado.
La mirada de Martina se llenó de pánico, pero no pudo evitar preguntarse qué habría pasado si realmente se hubieran casado según el plan.
—Dijiste que querías que nuestra boda fuera en un día de lluvia torrencial —continuó él—. Yo te dije que las fechas se reservan con anticipación y que dependería de la suerte. Pero tú respondiste que por qué había que planearlo tanto; que el día que amaneciera lloviendo a cántaros, simplemente nos pondríamos nuestros trajes y correríamos al jardín de la casa para tener una ceremonia íntima, solo nosotros dos, haciendo nuestros votos bajo el agua, y que con eso bastaría.
Martina sonrió con amargura. Era cierto, ella había dicho eso.
Escucharlo ahora le parecía tan infantil.
—Y tú aceptaste —susurró ella.
Por más infantil que fuera, Romeo había aceptado.
—Yo solo dije que como quisieras.
—Para mí, eso fue un sí.
—Pero te olvidaste.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...