—¡Romeo, a ver si entiendes de una vez! ¡Ya terminamos! ¡Terminamos! ¡Jamás en la vida volveremos a estar juntos! —le gritó Martina a todo pulmón.
El rostro de Romeo palideció hasta volverse casi gris, y Martina sintió cómo se le hacía pedazos el corazón.
¡Jamás volverían a estar juntos!
¡Porque a ella no le quedaba vida, su historia estaba a punto de terminar para siempre!
Romeo apretó los puños con tanta fuerza que le temblaban las manos. Su mirada era tan fría que helaba la sangre.
—Martina, no me creo el cuento de que ya no me amas.
Tomó una bocanada de aire profundo.
—Ya di el primer paso. Solo te pido que des un paso hacia mí. Dime que está bien, dame una señal para no sentirme como un completo idiota, ¿puedes hacer eso?
Su voz sonaba casi como una súplica. ¿Cuándo en la vida el gran Romeo Quintero se había rebajado así?
El corazón de Martina sangraba, pero solo podía negar con la cabeza, una y otra vez, presa del pánico.
—No puedo.
Decía que no podía, pero era incapaz de confesarle el verdadero motivo.
Romeo soltó una risa amarga y cortante.
—No puedes hacerme esto de la nada. ¡Tiene que haber otra razón, estoy seguro!
—Romeo, ya basta, estás armando un circo.
Sabrina se acercó para jalar a Romeo del brazo, pero él se zafó con brusquedad.
—¿Es por ella? —le preguntó a Martina, señalando a Sabrina, sin quitarle los ojos de encima—. ¿Te molesta que esté con ella? Muy bien, te voy a dar una solución.
Se giró hacia Sabrina y, sin titubear un segundo, soltó:
—Sabrina, lo siento, nuestra boda se cancela. A partir de este instante, tú y yo no tenemos nada que ver.
—¡Romeo!
—¡Romeo!
—Tampoco te creas la gran cosa. Hace mucho que dejé de verte con buenos ojos. Siempre estás frío, distante, creyéndote superior a todos. Lo que yo siempre he querido es a un hombre cálido, que se preocupe por mí, alguien con quien pueda tener una vida normal y tranquila. Y tú no eres ese hombre. Por eso, desde que terminamos, jamás se me volvió a cruzar por la cabeza la idea de casarme contigo.
—¡Pero eres tan arrogante! Confundiste mis intentos de utilizarte con amor. Pensaste que mi rechazo era una estrategia. ¡Pero no es así! Simplemente dejé de amarte. Verte me fastidia, me da asco. Me casaría con cualquier persona en este mundo, ¡pero contigo, jamás!
Cada palabra cayó sobre Romeo como un martillazo demoledor. El color de su rostro pasó de pálido a un blanco espectral.
No podía creerlo. No quería creer que ella fuera capaz de decirle cosas tan crueles.
Abrió la boca para interrogarla de nuevo, pero ella ya estaba arrastrando al otro hombre hacia la salida.
—¡Martina!
No podía aceptarlo.
Salió corriendo tras ella y la tomó del brazo, pero ella se dio la vuelta y le cruzó la cara con una cachetada.
—¿Con esto te basta? ¿Ya te quedó claro lo mucho que te repudio?
No se atrevió a gritar muy fuerte, temiendo que la voz se le quebrara y terminara llorando frente a él. Aun así, sentía un nudo asfixiante en la garganta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...