Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1218

—Mi papá le pidió a un vecino que me trajera.

Martina suspiró, sintiéndose algo impotente. Ella no necesitaba que una niña de siete años la cuidara, ¡si a duras penas podía cuidar de sí misma! No entendía qué pasaba por la cabeza de Zacarías.

—¿Sabes la dirección de tu casa, verdad?

Debería saberla, pero Yara negó con la cabeza.

—Apenas me mudé a vivir con mi papá, así que...

Yara bajó la cabeza, con expresión de culpa.

—No te preocupes —dijo Martina, dándole unas palmaditas en el hombro—. Le preguntaré a tu papá.

Zacarías le envió la dirección, pero quedaba a las afueras de la ciudad. Por lo tanto, Martina decidió ir primero al lugar que le había enviado Sabrina, que estaba en un parque en el centro.

Al llegar al parque, no fue difícil encontrar al equipo de fotografía.

En ese instante, Martina volvió a dudar. ¿Realmente debía mirarlos? ¿Qué tal si esa sola mirada la llenaba de resentimiento?

—Señora, ¿vino a ver a unos amigos? —preguntó Yara.

Martina lo pensó un momento.

—Solo quiero ver a un amigo a escondidas.

—¿Por qué a escondidas?

—Porque él no puede verme.

—Ah —Yara asintió, pareciendo entender a medias—. Entonces solo mírelo una vez, total, nadie se va a enterar.

—Pero... las personas somos codiciosas, y yo también.

—Si ser codiciosa la hace un poco más feliz, ¿no está bien?

Martina miró a Yara con una mezcla de sorpresa y ternura; le parecía increíble que una niña tan pequeña dijera algo así.

—Señorita Palacios, disculpe la molestia, ¿mi hija está con usted?

—Sí, está aquí conmigo...

Martina volteó a su lado, pero Yara ya no estaba.

Se levantó de un salto y miró en todas direcciones, presa del pánico. Yara no estaba por ninguna parte.

—Estoy en el parque del centro, ¡ven rápido!

Zacarías también estaba en el parque. Se suponía que iba a llevar a Sabrina a su casa, pero como ella se fue en el auto de Romeo, su turno había terminado.

Martina y él se encontraron rápidamente y dieron varias vueltas por todo el parque, pero no hubo rastro de Yara.

—Lo siento, debí vigilarla mejor, yo...

Martina estaba aterrada. Se había sumergido tanto en sus propias emociones que olvidó por completo que tenía a una niña a su cargo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido