Al despuntar el alba, Martina se despertó. Al darse la vuelta, notó que Yara ya no estaba y que la puerta estaba entreabierta.
Su salud estaba cada vez peor; se quedó acostada un rato más hasta recuperar un poco de fuerza y finalmente se levantó.
—Señorita Palacios, ya se despertó —dijo Zacarías, que acababa de preparar el desayuno y traía un tazón de avena desde la cocina—. Ya dejó de llover. En cuanto terminemos de desayunar, regresamos a la ciudad.
Martina asintió.
—De acuerdo.
Tenía un presentimiento extraño, tal vez porque estaba en un lugar desconocido y no se sentía segura.
—Yara debe seguir dormida, esa holgazana. Iré a despertarla —dijo Zacarías, acercándose a la habitación.
—Yara no está adentro.
Martina lo miró con seriedad.
—¿No la viste cuando te levantaste?
—No.
Zacarías corrió al patio y dio un par de vueltas, pero no la encontró. Regresó apresuradamente a la habitación y al notar que la mochila de Yara había desaparecido, pisó el suelo con rabia.
—Seguro que se volvió a esconder.
Martina frunció el ceño. La noche anterior había hablado con ella y la niña había aceptado volver a Nublario, ¿por qué se había escondido otra vez?
—No debe estar muy lejos, seguro sigue en el pueblo. Vamos a buscarla rápido.
Sin importarles el desayuno, ambos se dividieron para buscarla.
El pueblo era tan pequeño que no tardaron casi nada en recorrerlo entero. Poco después, volvieron a encontrarse en la entrada de la casa.
No hizo falta que dijeran nada; las expresiones en sus rostros dejaban claro que no la habían encontrado.
—Esta niña... cuando la encuentre, le voy a dar la golpiza de su vida.
Martina asintió. Ciertamente se lo merecía.
Era demasiado peligroso que una niña anduviera por ahí corriendo sola.
—Oiga, ¿y esta carta?
Zacarías sacó un sobre de la rendija de la puerta, le echó un vistazo rápido y luego miró a Martina.
—Ábrala rápido, por favor.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...