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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1225

Martina había estado encerrada toda la noche. Por más que golpeaba puertas y ventanas, nadie le respondía desde afuera.

Su estado de salud ya era precario de por sí, y tras pasar esa noche, ahora estaba acurrucada en una esquina del frío suelo, con tanto dolor que ni siquiera podía gritar.

En ese momento, la ventana se abrió desde el exterior y alguien introdujo un tazón de sopa de fideos, dejándolo sobre el alféizar.

Martina se acercó de inmediato y vio que era Yara.

—Yara, ¿me ayudas a llamar a la policía, por favor? O si no quieres llamar a la policía, ¿solo podrías hacerle una llamada a un amigo mío? Te prometo que no presentaré cargos contra tu papá, solo quiero salir viva de este lugar, ¿sí?

Yara ni siquiera la miró, dio media vuelta y se marchó.

Martina se desplomó sobre el viejo colchón, tardando un buen rato en recuperar el conocimiento.

Esta vez, apretó los dientes, acercó el tazón con los fideos ya pegajosos y se los comió bocado a bocado.

Es cierto que podía morir en cualquier lugar, pero de ninguna manera iba a ser allí. No moriría secuestrada y sumida en la desesperación.

Después de comerse la sopa, por fin recuperó un poco de fuerza.

Martina devolvió el tazón al alféizar y volvió a acurrucarse en el rincón; eso le daba un poco más de seguridad. Empezó a repasar todo lo que había pasado. Era evidente que Yara estaba cooperando con Zacarías Solís, pero tal vez no lo hacía por voluntad propia, a juzgar por las heridas que tenía en el cuerpo.

Al comprender esto, supo que su única esperanza residía en aquella jovencita.

Al mediodía, Yara volvió para llevarle la comida.

Martina ya no se apresuró a suplicarle que la dejara salir, sino que le dijo con un tono de mucha impotencia:

—Necesito ir al baño.

Al poco tiempo, Yara introdujo un pequeño balde por la rendija de la ventana soldada.

A Martina ya no le importó nada más; después de hacer sus necesidades, se lo devolvió a Yara.

—Yara, me duele mucho verte así. Que esos hombres malos te golpeen es una cosa, pero que tu propia mamá también te pegue...

—No fue mi mamá —dijo Yara.

Martina apretó los labios. Lo había dicho a propósito, justo para lograr que Yara hablara con ella.

—Tu papá dijo que tu mamá te golpeaba a menudo, que no era una buena madre para nada, que era muy mala...

—¡Claro que no! —interrumpió Yara, alterada—. Mi mamá es la mejor del mundo. Es él quien es malo, siempre nos acosaba a las dos. Golpeó tanto a mi mamá que la mandó al hospital, y luego me secuestró a mí. Yo no quería estar con él, pero me pega todo el tiempo y me obliga a ayudarle a hacerte daño. Si me niego, él... él dice que nos matará a mi mamá y a mí, por eso yo...

—¿Y cómo está tu mamá ahora?

—Sigue en el hospital. Necesita mucho dinero para curarse.

—Entonces Zacarías te prometió que, si lo ayudabas, sacaría dinero para pagar el tratamiento de tu mamá, ¿es así?

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