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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1226

Yara estaba a punto de decir algo cuando escuchó ruidos afuera en el patio. Miró a Martina y cerró la ventana a toda prisa.

—¿Ya se murió esa mujer o qué?

Era la voz de Zacarías.

—¿Cómo que no se ha muerto? ¿Le has estado dando de comer?

Tal vez Yara respondió, pero su voz fue tan baja que Martina no pudo escucharla. Inmediatamente después se oyó un estrépito metálico, como si hubieran arrojado la tapa de una olla o algo parecido contra ella.

—¡Te dije que no le dieras nada de comer! ¡Pedazo de inútil, si ella no se muere, el que irá a la cárcel seré yo! ¿Acaso no entiendes cuando te hablo, o es que quieres arruinarme a propósito?

Luego siguieron más ruidos; Martina estaba segura de que Zacarías estaba golpeando a Yara.

Se llevó la mano al pecho, sintiendo un nudo en el corazón. Le resultaba muy difícil imaginar cómo alguien que había fingido ser tan humilde frente a ella podía ser tan monstruoso y despreciable.

—Señorita Palacios.

Al escuchar eso, Martina no pudo evitar estremecerse.

—Volveré en un par de días y espero que ya hayas pasado a mejor vida, así será más fácil encargarme de tu cadáver. Así que hazme un favor y muérete de una buena vez, no me hagas perder el tiempo.

—Zacarías, tú bien sabes que estoy a punto de morir de todos modos. ¿Qué necesidad tienes de cargar con un asesinato?

—Je, tú vas a morir por tu enfermedad, no porque yo te mate. No intentes engañarme.

—Zacarías, ¿de verdad crees que a la policía se le engaña tan fácilmente?

—Te voy a enterrar en el monte y nadie se dará cuenta de nada. ¿Cuál policía? ¡Nadie va a encontrar tu cadáver en la vida!

Martina respiró hondo; conque ese era el plan de Zacarías desde el principio.

—¿Con solo tres millones te conformas?

—¿Qué quieres decir?

—Deberías saber que en la tarjeta que me dio Romeo Quintero hay diez millones. ¿No te interesan los siete millones restantes?

—Por supuesto que los quiero, pero también sé que la codicia no trae nada bueno.

—Esos tres millones vas a tener que repartirlos con otros, ¿verdad? ¿Cuánto le va a tocar a cada uno? Además, tienes que pagar tus deudas. Después de pagar, ¿cuánto te va a quedar a ti?

Zacarías no respondió; probablemente la idea lo había tentado.

Capítulo 1226 1

Capítulo 1226 2

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