—Ya basta. Sacarle estos siete millones es fácil, pero es muy difícil hacerlo sin llamar la atención de Romeo. Tenemos que pensar bien cómo lo vamos a hacer.
El hombre moreno guardó su tarjeta bancaria y soltó una carcajada burlona.
—Lo que tienes es miedo de que yo me quede con todo el dinero. Pues entonces saca tu propia tarjeta y asunto arreglado, ¿no te parece?
—Te dije que tenemos que pensarlo mejor, y hablarlo con los demás muchachos.
Dicho eso, Zacarías empujó al hombre hacia afuera y la puerta volvió a cerrarse con candado rápidamente.
Martina soltó un suspiro de alivio y se volvió para mirar a Yara. Al ver a la pobre chica cubierta de moretones y rasguños por todo el cuerpo, el corazón se le encogió de pena.
Martina tuvo que llamarla varias veces hasta que logró despertarla.
—Me descubrieron haciendo la llamada... dijeron que me iban a matar a golpes...
—Tranquila, no te asustes, ya se fueron.
Martina acomodó a Yara para que se acostara y le revisó las heridas. Los rasguños y cortes superficiales no eran lo peor; lo que le preocupaba eran las huellas de zapatos marcadas en su pecho, pues temía que le hubieran provocado lesiones internas.
La cabeza también le sangraba, así que Martina solo pudo vendarla improvisando con lo que tenía a mano.
—Entonces, ¿lograste hacer la llamada?
Yara asintió y luego negó con la cabeza.
—Apenas estaba llamando y alguien contestó, pero solo alcancé a decir una palabra antes de que me descubrieran.
—¿Qué les dijiste?
—Dije que la señora Martina estaba en peligro.
Martina apretó los labios. Esa llamada era para Víctor. Si él estaba lo suficientemente alerta, se daría cuenta de que algo andaba mal, pero el problema era la mala señal de las montañas; cabía la posibilidad de que no la hubiera escuchado bien.
Mientras tanto, en la ciudad, Víctor miraba su teléfono colgado con cara de total desconcierto.
—¿Quién era? —le preguntaron.
—¿Qué te dijeron?
—No entendí ni una sola palabra.
Miró la pantalla de nuevo; era un número desconocido. Cuando intentó regresar la llamada, el teléfono ya estaba apagado.
Pensando que se trataría de un error, le restó importancia.
—Tengo el presentimiento de que a Martina le pasó algo malo.
Inmediatamente, ambos tomaron a Carlota y partieron de urgencia hacia Nublario. En el camino, Floriana se comunicó con Isabella Quintero.
Isabella había visto a Martina una vez, pero después de eso no había vuelto a tener contacto con ella.
—Conduzcan con cuidado. Iré a buscar a Romeo, tal vez él sepa dónde se metió Martina.
Ni Isabella ni Jairo tenían mucha confianza con Romeo, pero sí conocían muy bien a Ignacio Rodríguez, que era primo de Romeo.
Al comunicarse con Ignacio, este les dijo que, por pura casualidad, estaba junto a Romeo.
Siguiendo la dirección que les proporcionó, la pareja se dirigió rápidamente a un exclusivo club privado donde los amigos de Romeo le estaban celebrando su despedida de soltero.
Ignacio sacó a Romeo de la sala para hablar con ellos.
Isabella le preguntó apresuradamente:
—¿Sabes dónde está Martina en este momento?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...