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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1229

Romeo había bebido de más. Al escuchar el nombre de Martina, fue como si le hubieran encendido la mecha y explotó.

—¿Por qué tendría que saber dónde demonios está? ¿Quién se cree que es? ¡No tengo ninguna maldita obligación de saber nada sobre ella!

Isabella levantó las manos, pidiéndole que bajara la voz e intentando tranquilizarlo.

—Lo que pasa es que...

—¿Por qué vienen a buscarme a mí? Ella y yo no tenemos nada que ver, ¡nuestra relación terminó hace mucho tiempo!

—¡Es posible que esté en peligro! —intervino Jairo con voz gélida.

Toda la agresividad de Romeo se esfumó de golpe al escuchar esas palabras.

—¿Qué dices? ¿Qué le pasó? —preguntó Romeo, mirando a Jairo.

—Es muy probable.

—Llevamos varios días llamándola y su teléfono no da tono —añadió Isabella.

Romeo se negó a creerles. Sacó su propio teléfono, marcó aquel número que conocía de memoria y llamó. El teléfono estaba apagado.

Se frotó las sienes con fuerza, intentando despejar su mente aturdida por el alcohol.

—Yo la vi hace unos días, estaba con...

Romeo recordó de repente al chófer de Sabrina Silva. Intentó llamar a Sabrina desesperadamente, pero tampoco hubo respuesta.

—¡Voy a buscarla!

Romeo soltó esa frase y echó a correr. Isabella y Jairo lo siguieron de inmediato.

—¿A quién vas a buscar?

—A Sabrina.

—¿Para qué la buscas a ella?

—Tengo mis motivos.

Como él estaba ebrio, Isabella lo hizo subir a su auto y juntos se dirigieron a la casa de Sabrina.

Sabrina vivía sola. Cuando llegaron, pudieron ver desde afuera que las luces estaban encendidas, pero por más que tocaron el timbre repetidas veces, nadie abrió la puerta.

Justo cuando Romeo estaba a punto de saltar el muro, un hombre envuelto únicamente en una toalla salió a la puerta.

—¿Quiénes son ustedes?

Isabella apretó los labios. Un hombre en toalla a altas horas de la madrugada en la casa de la prometida de alguien... era muy difícil no sacar conclusiones.

Pero ella estaba sobrepensando las cosas, porque a Romeo ni siquiera parecía importarle.

—Busco a Sabrina —dijo secamente.

—¿Q-qué hacen ustedes aquí?

Apartó al hombre y les abrió la puerta.

—Tristán es mi amigo de la infancia. Como se enteró de que me voy a casar, vino desde Australia especialmente para...

—¿Dónde está tu chófer? ¡Llámalo ahora mismo!

Romeo la interrumpió tajantemente, sin dejarla terminar.

Sabrina se quedó perpleja.

—Su mamá se enfermó, así que regresó a su pueblo para cuidarla.

—Llámalo.

—Espera, ¿para qué lo estás buscando?

—¡Solo llámalo y pregúntale si sabe dónde está Martina!

Al escuchar el nombre de Martina, Sabrina entendió de inmediato el motivo de la visita de Romeo. Frunció el ceño y dejó escapar una risa fría y amarga.

—Vienes a buscarme en medio de la noche por culpa de otra mujer. Romeo, ¿no crees que te estás pasando de la raya?

—¡No tengo tiempo para darte explicaciones, llama de una buena vez!

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