Ante esas palabras, Romeo se llenó de ansiedad.
—Entonces, ¿a dónde pudo haber ido?
—¿Estará en peligro?
—Nunca debí haber peleado con ella. Debí quedarme a su lado todo este tiempo.
Sabrina reflexionó por un momento.
—¿Que no dijo que se iba a vivir al extranjero?
—No ha salido del país. Ya le pedimos a alguien que lo investigara —aclaró Isabella.
Sabrina dudó un momento, sin saber si revelarles la verdad o no.
—Señorita Silva, usted conoció un poco a Martina, ¿verdad? Cualquier persona que la haya tratado se da cuenta de que es una mujer maravillosa, y uno de inmediato quiere ser su amigo. Estoy segura de que usted siente lo mismo.
Sabrina torció la boca con disgusto.
—Yo jamás la consideré mi amiga.
—Señorita Silva, le ruego que entienda que de verdad estamos extremadamente preocupados por ella.
Sabrina lo meditó un momento. Luego, se giró hacia Romeo y le preguntó:
—¿Aún planeas casarte conmigo?
Romeo negó con la cabeza sin vacilar.
—No. Lo siento.
—¿Y cómo le vas a explicar eso a nuestras familias?
—Diré que fui yo quien rompió el compromiso y que fui un desgraciado contigo.
—De acuerdo. En ese caso, a partir de este momento nuestro compromiso queda oficialmente cancelado.
Sabrina suspiró aliviada; aquel resultado le resultaba mucho más fácil de asimilar.
—Martina está enferma.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...