Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1231

Ante esas palabras, Romeo se llenó de ansiedad.

—Entonces, ¿a dónde pudo haber ido?

—¿Estará en peligro?

—Nunca debí haber peleado con ella. Debí quedarme a su lado todo este tiempo.

Sabrina reflexionó por un momento.

—¿Que no dijo que se iba a vivir al extranjero?

—No ha salido del país. Ya le pedimos a alguien que lo investigara —aclaró Isabella.

Sabrina dudó un momento, sin saber si revelarles la verdad o no.

—Señorita Silva, usted conoció un poco a Martina, ¿verdad? Cualquier persona que la haya tratado se da cuenta de que es una mujer maravillosa, y uno de inmediato quiere ser su amigo. Estoy segura de que usted siente lo mismo.

Sabrina torció la boca con disgusto.

—Yo jamás la consideré mi amiga.

—Señorita Silva, le ruego que entienda que de verdad estamos extremadamente preocupados por ella.

Sabrina lo meditó un momento. Luego, se giró hacia Romeo y le preguntó:

—¿Aún planeas casarte conmigo?

Romeo negó con la cabeza sin vacilar.

—No. Lo siento.

—¿Y cómo le vas a explicar eso a nuestras familias?

—Diré que fui yo quien rompió el compromiso y que fui un desgraciado contigo.

—De acuerdo. En ese caso, a partir de este momento nuestro compromiso queda oficialmente cancelado.

Sabrina suspiró aliviada; aquel resultado le resultaba mucho más fácil de asimilar.

—Martina está enferma.

Esas palabras de Sabrina resonaban en la mente de Romeo. Se llevó la mano al pecho; sentía como si alguien le estuviera golpeando el corazón sin piedad, cada puñetazo causándole un dolor letal.

Si Martina había dicho que se iría a un lugar tranquilo a esperar la muerte en silencio, ¿entonces ya estaba en ese lugar? ¿Y si no era que no pudieran contactarla, sino que ella había decidido cortar todo vínculo con ellos a propósito?

Jairo guardó silencio unos instantes antes de preguntar:

—Durante el tiempo que la señorita Palacios estuvo internada aquí, ¿alguien vino a visitarla?

—No recibió muchas visitas, pero recuerdo muy bien a una jovencita. Era menudita y venía sola, trayendo una fiambrera.

—¿Podríamos revisar las grabaciones de sus cámaras de seguridad?

—Por supuesto.

En la pantalla, la imagen se congeló en el momento exacto en que Martina salía de su habitación y la chica la perseguía corriendo.

Al ver a una Martina visiblemente más delgada y demacrada, el cuerpo de Romeo empezó a temblar sin control.

Su mente era un caos total. Aunque había escuchado claramente las palabras del médico, no lograba procesar su significado; se negaba a pensar en esa terrible y dolorosa realidad.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido