Esa noche no fue la excepción. Thiago se dejó llevar por la pasión y la intensidad se prolongó hasta la madrugada.
—Hiciste un buen trabajo. Te daré un bono extra además de tu sueldo —dijo Thiago mientras fumaba un cigarrillo.
Aunque lo llamara bono, en el fondo ambos sabían de qué se trataba.
Renata apoyó la cabeza en su pecho.
—Ayer fui al hospital y el doctor habló conmigo. Me dijo que es casi seguro que mi mamá se quede en estado vegetativo y que será muy difícil que vuelva a despertar.
—Bueno, después de tanto tiempo de tratamiento, supongo que ya estabas preparada para esto.
—Sí, por eso quiero trasladar a mi mamá del hospital a una clínica de reposo.
—Conozco al director de la mejor clínica de reposo de Nublario. Hablaré con él para que te hagan un favor.
—Muchas gracias, señor Flores.
Thiago le revolvió el cabello a Renata. Lo que más le gustaba de ella era que sabía cuál era su lugar. Era un trato claro y directo: él se acostaba con ella, ella pedía algo a cambio, y las cuentas quedaban saldadas en el momento. Sin dramas, sin enredos. Subir a la cama era el principio, y bajar de ella era el final.
—Iré a dormir a la sala.
Renata se levantó con la intención de darse una ducha y luego irse al sofá.
Thiago la detuvo.
—No des más vueltas, quédate a dormir aquí esta noche.
Renata, que no era ninguna tonta, se acercó y le dio un beso a Thiago.
—Esta es la tarifa por quedarme.
A la mañana siguiente, Thiago regresó a la empresa y Renata tuvo que ir corriendo al set de grabación.
Todavía le dolían las costillas y cojeaba un poco al caminar. Thiago le sugirió que se tomara el día libre, pero ella fue sincera y le dijo que no quería que le descontaran el día de su sueldo.
—¿Tan desesperada estás por el dinero?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...