Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1295

—¿Acaso no sabes mejor que nadie qué clase de persona es Nadia, Renata?

Al mencionar a Nadia, Hanna apretó los dientes, consumida por el rencor.

Renata le dio unas palmaditas en el hombro, demostrando que la entendía perfectamente.

—Cuando ella vino al casting, le dejé muy claro que ya te habíamos elegido a ti. Pero tuvo el descaro de decir que actuaba mejor, que tenía más fama y mejores contactos. Hasta nos amenazó exigiendo que te hiciéramos a un lado para darle el papel.

Al escuchar aquello, el odio de Hanna se encendió aún más.

—¡Y pensar que alguna vez la consideré mi amiga!

—Tú la veías así, pero te aseguro que ella jamás te vio de la misma forma. De hecho, nunca te tuvo una pizca de respeto.

—¡Esa maldita Nadia! —Hanna apretó los puños con fuerza—. Se ha pasado de la raya.

—¿Y qué podíamos hacer? Me hizo la vida imposible, el escándalo fue enorme, y al final su carrera solo sufrió un rasguño. ¿Pero tú? A ti te arruinó por una tontería, y ella sigue por la vida como si nada.

Cada palabra de Renata era leña al fuego para la furia de Hanna.

—No. ¡No pienso dejar que se salga con la suya! ¡Si caigo, la arrastro conmigo!

Hanna se marchó echando chispas. Renata observó cómo se alejaba y una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Solo era cuestión de esperar; el verdadero espectáculo estaba a punto de comenzar.

Renata pensó que, por muy impulsiva que fuera, Hanna armaría un plan antes de atacar. Pero subestimó su ira. Esa misma noche, Hanna utilizó sus redes sociales personales para soltar la bomba. Sin rodeos ni indirectas, fue directo a la yugular de Nadia.

En cuestión de minutos, la noticia rompió el internet y se volvió la tendencia número uno.

#NadiaAtropellóAAlguienEbria

Sentada frente a su computadora, Renata abrió el hilo. Hanna había revelado que Nadia le confesó una vez que, hacía un año y medio, había atropellado a una mujer de mediana edad mientras conducía completamente borracha.

Nadia estaba histérica, desesperada por encontrar a Hanna y destrozarla con sus propias manos.

A Thiago le palpitaba la cabeza. Últimamente, con solo ver a Nadia, le invadía una migraña instintiva.

—Primero que nada, cálmate.

—¡No puedo calmarme!

—¡Entonces lárgate a tu casa y no estorbes nuestro trabajo!

Ese grito no solo dejó helada a Nadia, sino a todo el equipo de la agencia.

Thiago siempre había amado a Nadia. Siempre había sido permisivo, mimándola hasta convertirla en una princesita caprichosa. Jamás le había levantado la voz, y mucho menos le había gritado de una forma tan despiadada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido