Tras el impacto inicial, las lágrimas no tardaron en brotar de los ojos de Nadia.
—Yo... lo siento —murmuró, llorando.
Thiago suspiró profundamente. A pesar de todo, no soportaba verla llorar. Extendió los brazos y la envolvió en un abrazo.
—Ve a descansar a mi oficina. Nosotros nos encargaremos de arreglar esto.
—Está bien, no te molestaré.
La astucia de Nadia radicaba exactamente en eso: sabía leer el ambiente y tragarse su orgullo cuando era necesario. Entendía perfectamente que Thiago era su única tabla de salvación y no podía darse el lujo de enfurecerlo.
Una vez que ella se fue, Thiago tomó asiento y miró a Leticia.
—¿Cuál es la situación?
—Pésima. La gente está inundando las cuentas oficiales de la policía de tránsito de Nublario, exigiendo que abran una investigación a fondo.
Thiago frunció el ceño.
—¿Ya intentaron contactar a Hanna?
—Lo hicimos, pero nos dicen que no está en su casa. Está ilocalizable.
—O sea que se escondió.
—Seguramente sabía que intentaríamos frenarla.
—¿Acaso está dispuesta a destruir su propia carrera con tal de hundirla?
Leticia guardó silencio un instante.
—Para ser honestos, su carrera ya estaba arruinada, incluso antes de publicar esto.
—Entonces, ¿por qué la acorralaron tanto filtrando sus escándalos? Ahora estamos pagando las consecuencias.
Leticia negó con la cabeza.
—Nosotros no fuimos los que filtramos esa información.
—¿No fueron ustedes?
Leticia soltó un suspiro de frustración.
Aunque habían anticipado problemas, la magnitud del desastre superaba sus peores pesadillas.
Si esto hubiera sido un escándalo normal, el público habría investigado y criticado a Nadia un par de días, pero la furia actual era distinta. Todo el país estaba hablando de ello con una indignación visceral.
Nadia ya había destrozado su imagen pública cuando salió a la luz cómo maltrataba a su asistente. Eso le había costado miles de seguidores. Que esta atrocidad saliera a la luz justo ahora era como echar alcohol en una herida abierta.
Al mediodía siguiente, la policía de tránsito de Nublario finalmente emitió un comunicado: iniciarían una investigación formal y harían públicos los resultados.
Al mismo tiempo que publicaban el anuncio, llamaron directamente a la agencia.
Esa misma tarde, Thiago acompañó a Nadia a la jefatura de policía.
Ella se había cambiado de ropa. Iba sin maquillaje y su rostro reflejaba un agotamiento extremo. Estaba aterrada y profundamente arrepentida de haber provocado a Hanna.
Thiago quiso decir algo para consolarla, pero no tenía ánimos.
Al repasar los eventos recientes, cada vez estaba más convencido de que alguien estaba orquestando una venganza perfecta contra Nadia. El culpable era brillante: empezó con escándalos pequeños y fue escalando hasta soltar esta bomba nuclear.
¿Quién podría ser?
Tenía que ser alguien que conociera a Nadia a la perfección. ¡Tal vez alguien de su propio círculo íntimo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...