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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1297

En aquel entonces, Thiago fue quien se encargó de encubrirlo todo. Nunca llamaron a la policía; lo resolvieron extraoficialmente.

Al declarar en la comisaría, Nadia admitió haber atropellado a una persona, pero negó rotundamente haber estado bajo los efectos del alcohol. Aseguró que después del accidente se comunicaron con la familia de la víctima y llegaron a un acuerdo privado, respaldado por un documento legal.

También declararon que fue el peatón quien ignoró las señales de tránsito, cruzando la calle de forma temeraria, lo que no le dio a Nadia tiempo suficiente para frenar.

Explicaron que la familia aceptó esta versión de los hechos sin oponer resistencia. Recibieron la compensación económica, firmaron los papeles y dieron el asunto por terminado.

—Según los reportes, la víctima sufrió heridas extremadamente graves. Cuando la llevaron al hospital, ¿se aseguraron de que recibiera la atención adecuada? —preguntó el oficial.

—Contratamos al mejor equipo médico de la ciudad hasta que estuvo fuera de peligro —respondió Thiago con firmeza.

—¿Y qué hay de los tratamientos posteriores?

—Le entregamos a la familia una suma de dinero más que suficiente para cubrir cualquier gasto futuro.

—O sea que ustedes no tienen idea de qué pasó con la víctima después, ¿correcto?

Thiago asintió.

—Es cierto que no le dimos seguimiento. Al fin y al cabo, ya habíamos firmado un acuerdo y pagado la indemnización.

El oficial frunció el ceño severamente.

—En primer lugar, cuando ocurre un accidente de tránsito con lesionados, es obligatorio llamar a las autoridades. Los acuerdos bajo la mesa no anulan esa responsabilidad legal. En segundo lugar, enfrentan acusaciones públicas de conducir en estado de ebriedad. Comprobarlo a estas alturas es casi imposible, así que esperamos que tengan pruebas sólidas para defender su inocencia. Y por último... ya que no se molestaron en saber qué fue de la víctima, se los diré yo: aunque los médicos le salvaron la vida, quedó en estado vegetativo. Tras más de un año postrada en una cama, falleció hace muy poco.

Thiago apretó los labios, sintiendo un vacío en el estómago. La mujer había muerto. Y aunque legalmente sería difícil culpar a Nadia de homicidio directo después de tanto tiempo, si la opinión pública se enteraba, la harían pedazos.

Si le colgaban la etiqueta de 'asesina', su carrera estaría sepultada para siempre.

Una vez sola, Nadia llamó al abogado.

Una hora después, llegaron a un café muy discreto en el centro histórico de la ciudad. El lugar era apartado, ideal para negociaciones sucias.

Llevaban más de media hora esperando y nadie aparecía.

—¿Nos están ignorando a propósito? —Nadia estaba perdiendo la paciencia.

El abogado bebía su café con absoluta tranquilidad.

—Si esta es su única estrategia, no tenemos nada de qué preocuparnos.

—Recuerdo que me dijiste que la víctima solo tenía una hija y que vivían en la miseria. Desde el primer día supe que esta clase de gente resentida es la peor. Por eso insistí tanto en que firmara ese maldito acuerdo para que no volviera a molestar.

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