El abogado guardó un silencio sepulcral. Esa declaración era letal.
Cuando firmaron el acuerdo extrajudicial en su momento, no utilizaron el nombre real de Nadia; lo falsificaron para evitar rastros. Si el caso se reabría, el simple hecho de haber usado una identidad falsa era suficiente para anular todo el documento legal.
Además, habían ocultado deliberadamente el estado de ebriedad, otro motivo de peso para invalidar el acuerdo.
Con una sola frase, ella les había arrebatado el control de la situación.
—Si la señorita Morales se tomó la molestia de venir a pesar de su apretada agenda, asumo que su intención es llegar a un arreglo, ¿me equivoco? —intentó tantear el terreno.
Renata asintió lentamente.
—Fui la asistente de Nadia.
El abogado se quedó perplejo. Al procesar el nombre, de pronto todo tuvo sentido. Con razón la cara le resultaba conocida; era la pobre asistente a la que Nadia había humillado públicamente.
Esto...
Una sombra de sospecha cruzó el rostro del hombre. ¿Acaso tanta casualidad era posible?
—Sé que hubo ciertos roces entre ustedes, pero sé que usted es una mujer inteligente. Confío en que no mezclará los problemas laborales con este asunto.
Una sonrisa cargada de desprecio apareció en el rostro de Renata mientras se reclinaba en la silla.
Esa sonrisa dejaba clarísimo que pensaba mezclarlo todo.
El abogado entrecerró los ojos, calculando sus opciones.
—Que haya terminado trabajando para Nadia... ¿fue pura casualidad, o...?
—Entré a trabajar con ella a propósito.
—¿A propósito para qué?
—Quería verle la cara a la basura que atropelló a mi madre.
—¿Era realmente necesario?
—Quería saber si al menos sentía una pizca de remordimiento.
—¿Y qué fue lo que vio?
—Vi a una persona que borró el incidente de su mente como si jamás hubiera existido.
—Pagamos una compensación económica. Era lógico dar el asunto por terminado.
—Mientras ustedes sentían que todo había 'terminado', mi madre estaba postrada en una cama de hospital, conectada a mil tubos, sobreviviendo en una agonía constante.
—Entonces, ¿su objetivo era vengarse de Nadia?
—Usted...
—Ella dejó a mi madre en estado vegetativo. Y ahora está muerta. Esa mujer nunca dio la cara, jamás pidió perdón, escondió que iba borracha y tuvo el cinismo de culpar a mi madre del accidente. Ella es la asesina de mi madre. ¡Jamás la dejaré en paz!
—Señorita Morales...
—¡Renata!
Nadia no pudo soportarlo más y salió furiosa de su escondite.
—¡Te metiste a trabajar conmigo solo para destruirme! ¡Todos estos escándalos que me están pasando son obra tuya!
Renata, que sabía perfectamente que Nadia estaba escondida escuchando todo, esbozó una sonrisa helada.
—¿A cuál escándalo te refieres exactamente?
—¡A todos!
—¿Y si te digo que me estás difamando?
—Tú...
El abogado agarró a Nadia del brazo, obligándola a callarse. En ese momento, cada palabra era una soga al cuello. Provocar a Renata era un suicidio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...