Eran las once de la noche y Thiago Flores seguía en la oficina.
Llevaba varios días trabajando hasta la madrugada por el escándalo de Nadia. Su prioridad no era limpiar su imagen, sino evitar que fuera procesada por un delito penal tras manejar ebria.
—Señor Flores, la policía de Nublario publicó su informe.
Leticia entró apresuradamente a la oficina con su computadora.
—El informe es breve. Dice que ambas partes llegaron a un acuerdo privado y, como no hay pruebas concluyentes de que Nadia iba ebria, no abrirán un caso.
Leticia soltó un gran suspiro de alivio.
—Esto no calmará la furia de la gente, pero al menos le permitirá volver a la actuación una vez que pase la tormenta.
Pero Thiago no compartía su optimismo. Su preocupación parecía crecer.
—¿Crees que la otra parte, tras reunir evidencia por tanto tiempo, va a dejar que esto termine así de fácil?
_¿La otra parte?_
Leticia tardó un segundo en comprender. Thiago se refería a Renata.
—Es cierto. Lo que más nos aterra es que ella decida hablar justo cuando la noticia empiece a perder relevancia.
Thiago se recostó en la silla y se frotó las sienes.
Renata había trabajado junto a Nadia más de un año. Enfrentando a la persona que le arruinó la vida, ¿cuánta fuerza de voluntad necesitó para no explotar de ira?
Cuando Nadia la insultaba y la humillaba, ¿qué pasaba por su mente?
Y él... ¿Renata sabía que fue él quien encubrió el accidente? Cuando se acercó a él, ¿lo hizo con el corazón lleno de odio?
—Señor Flores, ¿quiere que busque a Renata? Podemos ofrecerle dinero para que no diga nada.
—La madre de Renata murió —suspiró Thiago con pesadez—. Ya no necesita dinero.
El dinero no serviría de nada con ella.
—Puede que no quiera plata, pero sí quiere salvar su carrera.
Thiago frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...