—Nadi, a la mayoría de los hombres se les hace muy difícil separar el deseo físico del amor.
—¡Yo soy Nadia! ¡Jamás perdería contra una payasa como ella!
Nadia le lanzó una mirada fulminante a Leticia y marchó indignada hacia la oficina de Thiago.
Leticia suspiró, esperando que al menos algo de lo que le dijo calara en su cabeza. No se atrevió a decirle la verdad más dura: con todos sus escándalos, aunque Nadia volviera a actuar, no recuperaría su fama a menos que Thiago invirtiera fortunas en ella.
Debería estar complaciéndolo, no dándole por sentado ese amor que poco a poco se estaba apagando.
Nadia ignoró por completo la advertencia. ¿Cómo iba a dudar del amor de Thiago? Después de haberlo rechazado infinidad de veces, él seguía pidiéndole matrimonio, dándole los mejores recursos y cuidándola. Aunque lo perdiera todo, nunca lo perdería a él.
La puerta de la oficina estaba entreabierta. Nadia entró de puntillas para sorprenderlo, pero lo encontró sentado de cara al ventanal, escribiendo algo en el cristal con el agua condensada de su taza de té.
Lo que escribía debía ser lo que estaba en su mente. Nadia se acercó sigilosamente y vio que toda la ventana estaba llena de un solo nombre.
Renata.
Estaba pensando en ella.
La mente de Nadia quedó en blanco y las palabras de Leticia resonaron en su cabeza: _Ellos compartieron la intimidad más profunda, tú no._
Si ellos eran los más íntimos, ¿dónde la dejaba eso a ella?
Si Thiago la abandonaba, o peor, si se ponía del lado de Renata...
Nadia sintió un escalofrío. No quería ni pensarlo.
—¿En qué piensas? —preguntó, tratando de sonar lo más natural posible.
Al escucharla, Thiago borró rápidamente los nombres del vidrio con la mano y se dio la vuelta.
—En nada.
Frunció el ceño casi imperceptiblemente y miró la hora.
—Es tardísimo. ¿Por qué viniste a la oficina?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...