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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1311

El fuego del deseo se apagó de inmediato.

El propio Thiago se sintió perdido. ¿Cómo era posible? ¿Por qué en un momento así estaba pensando en Renata? Incluso llegó a desear que la mujer frente a él fuera ella.

No, esto estaba mal.

—¿Qué... qué te pasa? —Nadia notó el cambio en él, y su rostro palideció de golpe.

Se había desnudado frente a él, y él... simplemente había perdido el interés.

_Ya no me ama._ Aunque decía que sí, ya no lo hacía.

Pensar en eso hizo que Nadia temblara de miedo.

—No pienses cosas raras —dijo Thiago, levantándola y abrazándola—. Solo quiero que esperemos a nuestra noche de bodas. No quiero faltarte el respeto.

—¡No me importa!

—Tranquila. Te llevaré a casa para que descanses.

Nadia se mordió el labio con fuerza. No se creyó ni por un segundo esa excusa de «no faltarle el respeto». Era obvio que ya no le atraía.

—Entonces... ¿cuándo nos casamos?

Thiago suspiró.

—Cuando pase todo este escándalo.

—¿Y si nunca pasa?

—Eso no sucederá.

—Pero si pasa, si me convierto en alguien a quien todos odian y tengo que dejar la industria... Si dejo de ser la gran estrella Nadia, ¿aún me amarás? ¿Aún te casarás conmigo?

Thiago soltó una risa amarga.

—Por supuesto. De quien estoy enamorado es de ti, no de tu fama.

Aun escuchando eso, Nadia no se sintió tranquila.

Renata llegó a su casa y cayó rendida en la cama. Estaba tan agotada que ni siquiera escuchó la llamada del director Andrade. Recién lo vio a la mañana siguiente.

—¿Qué tal te fue ayer con el señor Carrillo?

—Muy... bien.

—«Tratar de meterle conocimiento a esa cabeza hueca y esperar que lo entienda es una absoluta pérdida de tiempo».

Renata casi escupe sangre del coraje. Típico de Fabrizio. Desde que se conocieron, la miraba como si fuera estúpida, y cada vez que ella le pedía explicaciones, la miraba con cara de... estar viendo a un cerdo.

No era que ella se menospreciara, es que la mirada de él era demasiado explícita.

—Logró que dudara de mi propia inteligencia —dijo Renata.

El director Andrade no pudo evitar soltar otra carcajada.

—En el fondo no es malo, solo tiene la lengua muy afilada. Es un solitario al que no le gusta socializar. Pero en todo lo demás es brillante, como en sus estudios y...

—¿En la cocina?

—¿Probaste su comida? —preguntó sorprendido.

—Apenas un bocado.

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

—Tengo la sensación de que algún día, se alejará completamente del mundo terrenal —dijo Andrade—. Pero me intriga saber cómo lo hará.

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