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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1312

—¿No tiene familia?

—Tiene a sus padres, dos hermanos, una hermana mayor y una menor.

—¿Se lleva mal con ellos?

—No exactamente. Simplemente es frío con todo el mundo. Bueno, con una sola excepción.

—¿La mujer de la que está enamorado?

—Así es.

—Esa mujer debe tener poderes mágicos.

Tras colgar, Renata se levantó, se arregló y se preparó un desayuno sencillo. Mientras comía, entró una llamada de un número desconocido.

Al ver que el área correspondía a otra ciudad, pensó que era publicidad o una estafa y colgó. Pero el teléfono volvió a sonar de inmediato.

Renata contestó y escuchó una voz del otro lado:

—¿Alguna vez te has medido el coeficiente intelectual?

_¿Quién llama a esta hora para preguntar semejante estupidez?_

¡Fabrizio!

Renata dio un respingo.

—¿S-señor Carrillo?

—¿De cuánto es?

—¿Eh?

—Te pregunté de cuánto es tu intelecto.

Renata soltó el aire. _¿En serio?_

—Nunca me lo he medido, pero le aseguro que está dentro de lo normal.

—Ayer me dejaste un número de teléfono.

—Sí, le dije que si necesitaba algo de la ciudad, podía llamarme a ese número para que yo se lo llevara.

—Llamé al número que me diste, y estaba equivocado.

—Pero si estoy hablando con usted...

—¡Tuve que pedirle este número a Gaspar!

—...

Recorrió dos mercados distintos buscando la mejor calidad. Volvió a su edificio agotada. De pronto, escuchó un rugido detrás de ella. Al voltear, vio un auto deportivo increíblemente lujoso acercándose.

Ese barrio era viejo y estaba en pésimas condiciones, por lo que un coche de ese calibre resaltaba como si fuera una nave espacial.

El ruido del motor hizo que todos los vecinos asomaran la cabeza por las ventanas.

Renata ya se había apartado para cederle el paso, pero el auto se detuvo justo frente a ella. La ventana bajó y un hombre de facciones impecables, usando unas enormes gafas de sol, la miró.

Pero solo la miró a ella por un segundo; toda su atención se centró en las bolsas con la carne de cordero.

—¿Estás segura de que es fresca? —preguntó.

A Renata le tembló un poco el ojo. _¿Qué clase de galán millonario en un deportivo se preocupa por la frescura del cordero?_

—Creo que sí.

—¿Crees?

—Es cien por ciento fresca.

Al escuchar eso, Fabrizio asintió, satisfecho.

—Sube. Vamos a tu casa.

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