¿Cómo podía haber sido solo un trato?
Thiago quiso contradecirla, pero al recordar cómo la había tratado durante ese año —ignorándola por completo, gritándole, e incluso llegando a ser violento—, se dio cuenta de que no podía afirmar que había amor en sus acciones.
Si lo dijera, ni él mismo se lo creería. De hecho, le daban ganas de golpearse a sí mismo.
—Quiero compensarte.
—Si lo haces en nombre de Nadia, te aclaro que tú no puedes pagar por ella.
—No es por ella, es por mí. Hice muchas cosas que te lastimaron y yo...
—No hace falta.
—¿Por qué no hace falta?
—Porque lo nuestro siempre fue solo un acuerdo. Tú me dabas dinero y yo a cambio ponía mi cuerpo y mi dignidad. Lo hice por voluntad propia. Ni siquiera puedo decir que te odio; y como no hay odio, no hay nada que compensar.
—No hables de nuestra relación de una forma tan fría, ¿sí?
Era incluso más frío que el odio que sentía hacia Nadia.
Renata soltó un profundo suspiro. No iba a negar que en algún momento llegó a sentir algo por Thiago, pero fue solo una confusión momentánea. Rápidamente se sacó esa idea de la cabeza y se limitó a seguir las reglas del juego, sin permitirse involucrarse más de lo necesario.
Cuando terminaron su trato, ella pensó que tal vez sentiría un poco de tristeza, y que a Thiago no le afectaría en absoluto.
Pero la realidad era que ella había pasado página con total tranquilidad, mientras que Thiago era quien dudaba, daba vueltas, pedía perdón, ofrecía compensaciones y la buscaba constantemente, incapaz de dejarla ir.
—Thiago, si vienes como representante de Nadia para negociar, te escucho. Pero si vienes a hablar de lo que pasó entre nosotros, a pedir perdón o a ofrecerme compensaciones... lo siento, pero no tengo tiempo que perder.
Al decir esto, se levantó y señaló hacia la puerta.
—Por favor, vete.
Thiago seguía sentado en el sofá, sin la más mínima intención de moverse.
Quería quedarse ahí, pero no tenía ninguna excusa válida.
Justo en ese momento, se escuchó un ruido proveniente de la habitación de invitados.
—¿Te estás burlando de mí?
La voz fue lo suficientemente fuerte como para que se escuchara claramente en la sala.
El rostro de Thiago se ensombreció de golpe.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...