Los fideos eran sumamente sencillos. Apenas llevaban un poco de salsa y aceite, sin rastro de carne o grasa pesada, pero sorprendentemente estaban deliciosos. Especialmente para el desayuno, sentaban de maravilla en el estómago.
Renata comía con ganas, pensando en pedirle a Fabrizio que continuara revisando su guion después, aunque eso dependía completamente de su estado de humor.
—Anoche no debiste haberme traído a tu casa —dijo él de repente.
—¿Ah, sí? ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejarte tirado en la calle?
Renata se arrepintió tan pronto como lo dijo. Necesitaba un favor de su parte, así que debía ser un poco más cortés.
—Es verdad que mi humilde departamento no está a la altura del señor Carrillo. Le pido una disculpa por las molestias.
Fabrizio soltó un ligero resoplido.
—El hombre que vino a tu casa anoche era tu novio, ¿no?
—¿Eh?
Renata parpadeó sorprendida. ¿Anoche vio a Thiago? No, eso no era lo más importante. ¡Lo grave era que se acordaba de todo lo que pasó estando borracho! ¿Eso significaba que también recordaba cuando se puso a hacer drama y la abrazó en la cama?
—No —respondió ella al salir de su sorpresa.
—Si no es tu novio, ¿por qué lo dejaste entrar a media noche?
—Señor Carrillo, tengo mis razones.
—Viviendo sola, deberías tener más cuidado.
Renata se quedó un poco pasmada. Resultaba que Fabrizio estaba preocupado por su seguridad. Bueno, después del mal rato con Thiago, ella andaba a la defensiva y lista para morder a cualquiera que opinara de más.
—Gracias. No es ninguna amenaza, nos conocemos hace tiempo.
—Hmph.
Fabrizio siguió comiendo sus fideos en silencio, pero era evidente que aún tenía algo más que decir.
Renata esperó un rato, pero como él no hablaba, decidió preguntar:
—¿Le quedó alguna otra duda, señor Carrillo?
Fabrizio dio dos bocados más antes de dejar el tenedor a un lado y levantar la vista hacia ella.
—Lamento mucho haberte agarrado de esa forma anoche.
¿Agarrarla?
Renata procesó la frase unos segundos hasta comprender que ese "agarrado de esa forma" se refería al abrazo en la cama.
—No te preocupes. Sé que estabas muy pasado de copas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...