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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1337

Después de todo, Nadia y él eran pareja. ¿Qué tenía de malo haber intimado?

Thiago intentó convencerse a sí mismo con ese pensamiento. Volvió a recostarse y atrajo a Nadia hacia su pecho.

—Amor, perdóname por dejarte tan agotada.

Nadia se dio la vuelta, rodeó su cintura con los brazos y murmuró adormilada: —Sé que tomaste demasiado anoche. Puedo hacer como si nada de esto hubiera pasado.

—Tonta, ¿qué estás diciendo? Por supuesto que me haré responsable.

—Sabía que eras el mejor.

Nadia levantó el rostro para darle un beso en la barbilla antes de volver a quedarse dormida.

Pero a Thiago se le había espantado el sueño. La abrazó un rato más hasta que finalmente se levantó para ir a correr. A mitad de su rutina, Leticia lo llamó para avisarle que alguien había fotografiado a Nadia entrando a la estación de policía, y que ahora todo internet especulaba que había sido arrestada por atropellar a alguien mientras conducía ebria.

—¡Entonces saquen un comunicado de inmediato! ¡¿Para qué me llaman a mí?!

Ya estaba harto, completamente hastiado de todo este maldito asunto.

—En este momento no es conveniente sacar un comunicado.

—¿Por qué no?

—La policía aún no ha determinado los cargos. Si sacamos un comunicado ahora, solo parecerá que estamos evadiendo el tema principal, pero no lograremos calmar la opinión pública. Además, si Renata vuelve a abrir la boca para decir algo, todo se saldrá de control otra vez.

—¡¿Entonces quién les mandó a publicar ese acuerdo en internet?! —exclamó Thiago, soltando el aire con frustración.

—Jamás nos imaginamos que Renata tendría una grabación de esa noche, y mucho menos que acudiría a la policía.

La situación se estaba volviendo cada vez más grande y ya había escapado por completo de sus manos.

—Entonces cállense y no digan absolutamente nada.

Pero el corazón humano es difícil de domar. Por más que su lado racional le repitiera una y otra vez que no debía sentir celos ni enojo, simplemente no soportaba ver esa imagen. No soportaba ver a Renata siendo protegida por otro hombre.

Al regresar a casa, encontró a Nadia sentada en el alféizar de la ventana, llorando a mares.

—¿Qué ocurre?

—¡No te acerques!

Nadia le gritó de repente, mientras deslizaba su cuerpo un poco más hacia el borde. Al comprender lo que intentaba hacer, el rostro de Thiago se tensó de pánico.

¡Estaban en el piso dieciséis!

—¿Te lastimé anoche? —preguntó Thiago con extremo cuidado.

—No, anoche fui muy feliz —negó ella con la cabeza.

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