—Entonces, ¿por qué...?
—¡Porque desperté de buen humor y al revisar internet vi a toda esa gente insultándome! ¡Me llaman asesina, acosadora, dicen que merezco morir! ¡Lo de esa noche fue un accidente, te lo juro! ¡Nunca fue mi intención lastimar a nadie, no soy la mala persona que ellos dicen que soy!
—Lo sé, sé que no eres mala ni has hecho esas cosas. Nadi, por favor, bájate de ahí. ¿Acaso olvidaste que me tienes a mí? ¡Yo puedo solucionar todo esto!
—¡Ya no hay solución! ¡Renata no solo quiere que me retire del mundo del espectáculo, quiere verme muerta!
—¡Mientras yo esté aquí, ella no podrá hacerte ningún daño!
Nadia lo miró con el rostro bañado en lágrimas: —Pero ya has hecho demasiado por mí. No puedo pedirte que sigas sacrificándote de esta manera.
—¿Olvidaste que ahora somos pareja? Nos vamos a casar en el futuro. Te amo, y cualquier cosa que haga por ti, la haré con gusto.
Nadia continuó negando con la cabeza: —Pero quiero seguir actuando... amo la actuación.
—Entonces seguirás haciéndolo. Yo te financiaré, te armaré un equipo completo y podrás actuar en lo que tú quieras.
—Esa noche sí había bebido y, en efecto, atropellé a esa señora. Por puro miedo le pedí al abogado que obligara a Renata a firmar ese acuerdo. Todo eso lo hice yo. Solo quería salvar mi carrera... pero sé que cometí un error inmenso.
Thiago exhaló con pesadez. Al menos Nadia reconocía que había obrado mal.
—Encontraré una salida.
—Iré a prisión.
—Eso no pasará.
—Claro que sí, la mamá de Renata ya murió.
Thiago soltó un largo suspiro. Era cierto: la madre de Renata había fallecido, y era evidente que no descansaría hasta ver a Nadia destruida.
Pero él amaba a Nadia. ¿Cómo iba a soportar ver a la mujer que amaba sufriendo semejante calvario?
—A decir verdad, ya tengo pensado un plan para lidiar con esto.
Nadia bajó del alféizar y se arrojó a los brazos de Thiago.
—Eres demasiado bueno conmigo. ¡Pero no puedo permitir que te sacrifiques así por mí! ¡No puedo soportarlo!
Thiago la envolvió en un abrazo y le dio suaves palmaditas en la espalda: —Tonta, esto no es un sacrificio. Ni siquiera me darán una sentencia de cárcel; a lo mucho manchará mi reputación, pero yo no soy actor. No necesito preocuparme por mi imagen pública.
—Pero tampoco soporto la idea de que todos te ataquen —siguió negando ella.
—Serán solo unos cuantos insultos. Puedo con eso.
—Pero...
—Entonces ya está decidido. Llamaré a Leticia más tarde para que prepare una estrategia y luego iré a la policía a entregarme.
Renata, por su parte, seguía discutiendo el caso con su abogado. Ella quería que Nadia pagara por lo que había hecho, aunque en el fondo sabía que el castigo sería bastante leve.
Aún así, era mejor que nada. Pero justo cuando terminaban de organizar los detalles del proceso, recibieron una llamada de la estación de policía: Thiago se había entregado.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...