¡Thiago se había entregado!
Esta noticia desconcertó por completo a Renata, quien se dirigió de inmediato a la comisaría.
—La persona que conducía esa noche era yo, pero tenía miedo de enfrentar las consecuencias legales, así que obligué a Nadia a asumir la culpa en mi lugar. Ella, por supuesto, no quería hacerlo, pero como yo era su jefe, la amenacé con destruir su carrera. No le quedó de otra más que aceptar.
Al llegar a la estación, Renata escuchó justo el momento en que Thiago le daba esa declaración a los policías.
—¡Está mintiendo! ¡Nadia era quien iba al volante! ¡Él llegó al lugar después del accidente! —gritó Renata, llena de indignación.
Al escuchar la voz de Renata, Thiago no se dio la vuelta de inmediato. En su lugar, respiró hondo varias veces para endurecer su corazón y reprimir sus emociones, antes de finalmente mirarla.
—El auto es mío. Yo iba manejando y yo me encargué de solucionar el asunto después. Todo este problema no tiene absolutamente nada que ver con Nadia. —Al ver el odio en el rostro de Renata, Thiago hizo una pausa involuntaria. Sin embargo, recordando a Nadia, continuó—: Así que te has estado vengando de la persona equivocada. Tu odio siempre debió estar dirigido hacia mí.
—Thiago, ¿de verdad crees que con unas simples palabras puedes echarte toda la culpa encima? ¿Acaso nos tomas por idiotas? ¡¿Crees que alguien te va a creer?!
Renata apretaba los dientes, consumida por la furia, pero estaba segura de que el rumbo de este caso no iba a cambiar tan fácilmente solo porque Thiago dijera algo así.
—Señorita Morales, por favor, intente calmarse. Le pedimos que viniera porque necesitamos que trate de recordar todos los detalles posibles de esa noche y nos los relate de nuevo paso a paso.
La policía también estaba abrumada. Desenterrar un caso de hace más de un año ya era un dolor de cabeza. Tan solo evaluar si el acuerdo se había firmado bajo coacción les había tomado bastante esfuerzo, y aún no tenían los resultados, cuando de pronto este hombre se presentaba a confesar que él había sido el verdadero conductor, no Nadia.
Una situación así no era un juego; requería una investigación exhaustiva. Pero sin cámaras de seguridad, sin testigos y sin una denuncia policial inicial, ¿por dónde iban a empezar a investigar? Simplemente no tenían de dónde agarrarse.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...