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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1340

Renata no pudo contener la furia que le ardía en el pecho y le cruzó la cara a Thiago con una bofetada.

—¡Thiago, mi mamá está muerta! ¡Falleció! ¡¿Acaso pretendes que no pueda descansar en paz ni siquiera después de muerta?!

—¡Fui yo!

Renata estaba fuera de sí. Levantó la mano para volver a golpearlo, pero los policías se lo impidieron.

—Señorita Morales, está en una estación de policía, le pedimos que se controle.

Era imposible para ella mantener la calma frente a Thiago. Pidió permiso para sentarse un momento afuera, con la esperanza de recordar con más claridad lo sucedido y encontrar alguna prueba contundente que apuntara a Nadia.

Al salir, Renata tomó varias respiraciones profundas para calmarse un poco antes de llamar a su abogado.

—Si ambas partes cooperan en su versión, y la policía no logra hallar pruebas de que Nadia iba conduciendo, es muy probable que Thiago asuma toda la responsabilidad del accidente. Señorita Morales, le sugiero que se prepare para lo peor.

No. Renata simplemente no podía aceptar eso.

Su madre había muerto atropellada. Ella sabía que la ley no condenaría a muerte al responsable. Ya no buscaba ojo por ojo ni diente por diente; lo único que exigía era que la culpable recibiera el castigo correspondiente y le pidiera perdón a su madre. ¡Y ahora esa mujer estaba evadiendo hasta ese mínimo requisito!

Renata colgó la llamada y, sin poder aguantar más, se echó a llorar.

Se sentía una inútil por no poder conseguir justicia para su madre.

Había sido demasiado ingenua. Había subestimado por completo la maldad del corazón humano.

Las personas podían llegar a ser tan perversas... Nadia, Thiago... ninguno de los dos sentía la más mínima culpa por la muerte de su madre.

Desde adentro de la habitación, Thiago alcanzó a escuchar el llanto de Renata, y sus puños se cerraron poco a poco.

Thiago apretó los labios: —En aquel momento, Nadia y yo tuvimos algunos malentendidos. En realidad, la obligué para vengarme de ella. Pero ahora que hemos resuelto nuestras diferencias, decidí venir a entregarme.

Los policías suspiraron. Su explicación parecía tener cierto sentido, pero si lo analizaban a fondo, había algo que no terminaba de encajar.

Thiago quedó detenido temporalmente, mientras que a Nadia y a Renata se les ordenó regresar a casa y esperar novedades.

Justo antes de irse, Renata vio cómo Nadia lloraba aferrada a Thiago, mientras él intentaba consolarla. En ese instante, una revelación la golpeó, y dejó escapar una risa fría.

—¿Ya te acostaste con ella, no?

Aquella pregunta hizo que el rostro de Thiago se ensombreciera por completo. Lo cierto es que ella había dado justo en el clavo.

Renata lo miró con los ojos cargados de sarcasmo: —Thiago, ¿de verdad crees que Nadia te ama?

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