—El destino de este caso depende totalmente de ti.
—¿A qué te refieres? —preguntó Renata, levantando la mirada hacia el abogado.
—De si estás dispuesta a perdonarlo o no.
—¿Entonces quieres que firme otro documento de perdón? —Renata frunció el ceño.
—Exactamente.
—No lo haré.
—Entonces no lo firmes, pero hay un detalle más.
—¿Cuál?
—A lo largo de este año y medio, Thiago te ha transferido ciertas sumas de dinero. Si la defensa argumenta que esas transferencias fueron compensaciones por lo sucedido con tu madre, eso podría ayudarlo enormemente a reducir su condena.
—¿Entonces tendré que declarar que ese dinero fue mi pago por acostarme con él?
—No te compliques la vida tú sola —suspiró el abogado—. Cuando dos personas están en una relación, es normal que haya intercambios de dinero. Lo único que debes decir es que esas cantidades fueron regalos que Thiago te dio como tu pareja.
—Para eso, él tendría que admitir que fuimos novios.
—Lo hará, porque si no, su condena será mucho más severa.
Tras terminar de hablar con su abogado, Renata regresó a la casa de Fabrizio. Todo estaba a oscuras en el interior, pero frente a la puerta principal se asomaba una silueta borrosa. El susto la hizo detenerse en seco.
—¿Fabrizio?
—Sí, soy yo.
Al escuchar su respuesta, Renata finalmente se animó a acercarse. Intentó encender la luz del recibidor, pero Fabrizio la detuvo.
—A veces no viene mal contemplar el mundo en la oscuridad.
Renata se sentó a su lado y trató de observar el entorno desde su perspectiva. No comprendía qué había de especial en mirar el mundo a oscuras, pero en ese momento, el lugar se sentía verdaderamente pacífico.
—Thiago confesó el crimen para encubrir a Nadia.
Apenas lo dijo, recordó que nunca le había mencionado nada de este asunto a Fabrizio. Principalmente porque asumió que no le interesaría escucharla.
—¿A quién de los dos odias más? —le preguntó Fabrizio.
—A los dos. Pero en el instante en que Thiago se echó la culpa, empecé a odiarlo mucho más a él.
—Entonces haz que pague el precio más alto.
—¿Pudieron salvarla?
—Estaba muy decidida. Se arrojó de un puente y tardaron tres días en encontrarla. Ya estaba más que muerta.
Renata apretó los labios con fuerza. Entonces él se había enterado de la noticia desde la noche anterior... Y aún así, primero la había llevado a un lugar seguro antes de ir al funeral de su propia madre...
—¿Sabes por qué lo hizo?
—¿Por qué?
—Mi padre volvió a engañarla.
...
—Ella creía que ambos se amaban de verdad, que podían olvidar los errores del pasado y pasar el resto de sus vidas amándose en paz. Pero... el zorro pierde el pelo pero no las mañas. Mi padre se metió con la nueva empleada de la casa. Justo en esos días en que mi madre creía que estaban viviendo una etapa maravillosa, él salía de su cama solo para meterse en la de la sirvienta. Cuando ella descubrió la verdad, no pudo soportarlo y se arrojó al río.
—¿Y... y qué pasó con tu padre?
—Dijo que estaba muy arrepentido y que planeaba saltar de un edificio. Pero el que de verdad quiere morir, simplemente lo hace, nadie lo puede salvar. Todo fue un teatro para las apariencias.
—Tú...
—No estoy triste. En lo absoluto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...