—¿Crees que sus padres logren convencer a Nadia de decir la verdad? —le preguntó Isabella a Renata.
—No.
—¿Y crees que Ignacio pueda hacer entrar en razón a Thiago?
—Tampoco.
Isabella sonrió, compartiendo la misma opinión.
—Entonces, bienvenida de vuelta al equipo —dijo, tendiéndole la mano.
Renata se quedó de una pieza. No se imaginaba que Isabella le estuviera haciendo esas preguntas para invitarla a retomar su lugar en la producción.
—No... no estoy segura de si mi presencia le causará problemas al proyecto.
—Confía en nosotros. Cualquier cosa, la sabremos manejar.
Con el corazón lleno de emociones encontradas, Renata estrechó su mano.
—Gracias.
Después de un mes entero de investigaciones, el juicio estaba fijado para el día siguiente.
Los padres de Thiago fueron a verlo por última vez antes de la audiencia. Le hablaron hasta el cansancio, rogándole de mil formas, pero él se mantuvo firme, asegurando que era él quien iba conduciendo y quien había atropellado a la madre de Renata.
—Hijo, ya consultamos con los abogados. ¿Estás consciente del castigo que vas a recibir? —El cabello de Elena había encanecido notablemente por la pura angustia.
Thiago cerró los ojos por un segundo.
—Lo sé, pero es lo que me merezco.
—¡Tú no ibas manejando ese auto!
—Fui yo. —Thiago miró a su madre, y al notar las nuevas canas, sintió una profunda punzada de culpa. Pero ya había llegado demasiado lejos, solo le quedaba aguantar el golpe—. Serán solo dos o tres años. Se pasarán rápido.
—¡Vas a arruinar toda tu vida, entiéndelo!
—No lo haré. Cuando salga, volveré a empezar desde cero.
Al ver su terquedad absoluta, Santiago resopló de rabia.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...