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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1357

Renata solo se había ausentado un momento para comprar artículos de aseo personal para ambas, pero al regresar, se encontró con que Sandro había logrado dar con ellas.

—¡Maldita perra, con que intentabas escapar! ¡Te voy a romper las piernas!

Con una barra de hierro en la mano y una expresión sanguinaria, Sandro se abalanzó hacia la cama donde Gloria aún descansaba. Por suerte, la sala de seguridad estaba cerca de urgencias, y los guardias llegaron de inmediato para interceptarlo.

—¡No se metan en lo que no les importa! ¡Es mi esposa, tengo todo el derecho de darle su merecido!

Sandro tenía una fuerza descomunal, y a los dos guardias les costaba horrores retenerlo.

Gloria estaba petrificada por el terror. Sin importarle el dolor de sus costillas rotas, se levantó tambaleándose para bloquear la puerta de la habitación de su hija, suplicándole a Sandro con las manos juntas.

—Golpeaste a la niña hasta dejarla inconsciente, no tuve más opción que traerla al hospital.

—¡Si no quieres que las mate, agarra a la escuincla y vámonos a la casa ahora mismo!

—Aún no despierta, el doctor dijo que tiene que estar en observación un par de días.

—¡Qué observación ni qué nada! ¡Tenerlas en el hospital es tirar el dinero a la basura! ¡No voy a permitir que les des un solo peso a estos ladrones!

No se sabe si fue por el escándalo o si la niña despertó por el puro pánico al escuchar la voz de su padre. Al abrir los ojos y ver el rostro de Sandro, comenzó a gritar aterrada.

Los alaridos de la niña atrajeron a más personas. Médicos y enfermeras intentaron convencer a Sandro de que se marchara.

—¡Lárguense! ¡Qué se creen ustedes, cierren la boca!

A Sandro no le importaba nadie; solo agitaba la barra de metal con la intención de destrozar a Gloria.

Al ver que los guardias no lograban contenerlo y que levantaba la barra de metal hacia su amiga, Renata perdió los estribos, dio un paso al frente y gritó:

—¡Ya llamé a la policía!

Al escuchar eso, Sandro se detuvo en seco, giró la cabeza lentamente y clavó una mirada cargada de odio y veneno en Renata.

—¿Y tú quién diablos eres?

Renata tomó aire.

—Soy amiga de Gloria.

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