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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1379

Cuando Renata llegó al set, se topó de frente con Thiago conversando con el director. Por el ceño fruncido y la evidente furia en el rostro de Thiago, supo de inmediato a qué había venido.

—No me importa lo que vea en Renata ni quién esté respaldándola, mi única exigencia es que la despidan. Exijo que el guion original sea restaurado y que se mantenga intacta la personalidad y la historia del personaje de Nadia.

El tono de Thiago era implacable. No estaba negociando ni pidiendo un favor; estaba dando una orden.

El director dejó escapar un profundo suspiro tras otro.

—Señor Flores, no me parece correcto. Nosotros contratamos a la señorita Morales. Ella ya reescribió el guion. Darle la espalda y desecharla después de usarla sería una canallada. No puedo hacer algo tan bajo.

Thiago entornó los ojos. Por supuesto que había captado el dardo envenenado en las palabras del director.

—¿Así que prefieres ganarte mi enemistad antes que cambiarla?

—Solo soy un simple director, no quiero ofender a nadie.

—¿Sabes cuáles son las consecuencias de ofenderme?

—La verdad... estoy aterrado.

—Tú...

—Señor Flores —Renata dio un paso al frente con una leve sonrisa—. Si tiene algún problema, arréglelo conmigo. Deje en paz al director, él no tiene la culpa de nada.

Thiago no se esperaba que Renata estuviera detrás escuchando todo. Un atisbo de inseguridad cruzó por su mirada, pero al recordar las heridas en el cuerpo de Nadia, endureció su expresión.

—Muy bien, hablemos.

El lugar de rodaje estaba en unos estudios de televisión, y justo afuera había una cafetería. Ambos buscaron una mesa apartada y tomaron asiento.

—Sé que este es tu trabajo y no es justo pedirte que renuncies, pero estoy dispuesto a compensarte económicamente por las pérdidas —comenzó Thiago, sabiendo en el fondo que sus palabras carecían de peso.

Renata soltó una carcajada.

—Señor Flores, ayer usted quiso regalarme su empresa entera y la rechacé. ¿Qué clase de compensación cree que puede ofrecerme ahora?

Thiago soltó un largo suspiro.

—Entonces te lo ruego, ¡ten piedad y déjala en paz!

—Si no se atreviera, ¿por qué está aquí rogándome a mí?

Thiago sintió cómo se le crispaban los nudillos. Que ese director de medio pelo lo hubiera desafiado ya lo había dejado bastante perplejo. Él había asumido que era ignorancia, que el tipo no comprendía su poder en la industria, pero Renata acababa de escupirle en la cara que su influencia ya no era la misma de antes.

¿De verdad era así?

¡No! Solo habían pasado dos años. ¡Era imposible!

De repente, un enorme alboroto estalló dentro del set. Ambos corrieron a ver qué sucedía y se encontraron a Nadia agarrándose a golpes con otra actriz. O, mejor dicho, Nadia estaba moliendo a golpes a la otra actriz.

Era la mujer que interpretaba a un personaje secundario en sus escenas; una señora de casi cincuenta años a la que Nadia tenía sometida en el suelo.

—¡Sepárenlas! ¡Ya basta! —gritaba el director a su equipo.

Thiago contuvo la respiración y corrió a sujetar a Nadia.

—¡Suéltame! ¡Ella lo hizo a propósito! ¡Se equivocaba de línea una y otra vez solo para abofetearme repetidas veces! —Nadia parecía haber perdido por completo el juicio.

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