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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1392

Al ver la expresión seria de Isabella, Ignacio no se atrevió a hacer preguntas y simplemente pisó el acelerador.

Cuando llegaron al hospital, Renata les llamó para decirles que subieran directo a la azotea del área de hospitalización.

Al escuchar la palabra azotea, el pánico invadió a Ignacio y corrió a toda velocidad hacia los elevadores.

—¡No me digas que va a cometer una estupidez!

Al llegar a la azotea, lo primero que vieron fue a Thiago. Llevaba puesta la bata de paciente, tenía el cabello alborotado y estaba sentado al borde del techo, riéndose a carcajadas.

Sí, se estaba riendo.

Se carcajeaba echando el cuerpo hacia atrás y de vez en cuando se inclinaba peligrosamente hacia el vacío. Al verlo, a Ignacio se le heló la sangre y quiso correr para jalarlo, pero Renata lo detuvo.

—No lo hagas, no deja que nadie se le acerque.

Ignacio notó que Thiago lo volteó a ver y se deslizó un poco más hacia la orilla. El sudor frío le empapó la frente.

—¡Está bien, no me acerco!

—Ya llegaron... ¿Vinieron a reírse de mí? —preguntó Thiago entre carcajadas.

—¡Quién se va a reír de ti! ¡Estamos preocupados! —exclamó Ignacio con desesperación.

—¡Me lo tengo merecido!

—¡Ven para acá ahora mismo!

—¡Soy el tipo más imbécil del mundo!

—¡Thiago!

—¿Cómo pude dejarme engañar por ella...?

Thiago comenzó a hablar consigo mismo. Al ver que no lograba sacarle sentido, Ignacio volteó hacia Renata, exigiendo una explicación.

—¿Qué demonios pasó?

Renata suspiró profundamente.

—Lo perdí todo —respondió Thiago, mirándolo—. Mi estupidez me hizo perder todo.

—¡Aún tienes mucha vida por delante! ¡Lo que perdiste, lo recuperarás!

—No. Ya no hay vuelta atrás.

Al decir esto, Thiago se llevó las manos a la cara y rompió a llorar desconsoladamente.

Su llanto estremeció a los tres. Nadie había visto jamás llorar a Thiago, y mucho menos de una manera tan desgarradora.

A Ignacio se le quebró la voz y se le enrojecieron los ojos.

—¡No te atrevas a ser un cobarde como el idiota de Facundo Prado! ¡Bájate de ahí ahora mismo!

Isabella soltó un suspiro prolongado. Tampoco había imaginado que las cosas escalarían a tal nivel.

—Thiago, ¿vas a comportarte como un cobarde? —intervino ella—. Sabes que cometiste errores, sabes que le hiciste daño a mucha gente y sabes perfectamente que debes pagar por ello y enmendar tus faltas. Pero en lugar de dar la cara, huyes. Si te lanzas hoy de aquí, todos nosotros te vamos a despreciar por el resto de la vida. Especialmente Renata.

—Aún estás a tiempo de empezar de nuevo. Todo depende de si tienes el valor para darte a ti mismo una segunda oportunidad.

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