—Thiago, la persona que mató a mi mamá no fuiste tú, fue Nadia. Sabes perfectamente lo que quiero. Si de verdad sientes algo de culpa, ¡ayúdame a meterla en la cárcel! —dijo Renata, marcando cada palabra.
Thiago por fin giró la cabeza y su mirada, que hasta entonces vagaba perdida, se enfocó en Renata.
—¿Entonces todavía me odias?
—Sí, pero mucho menos que antes.
Thiago volvió a sonreír.
—De acuerdo. Te lo prometo.
Dicho esto, Thiago se dio la vuelta y empezó a caminar hacia ella. Al ver que ya estaba a salvo, Ignacio corrió hacia él y lo agarró del brazo.
—¡Maldita sea, casi me matas del susto!
Thiago soltó un suspiro.
—Se me nubló la mente por un momento, pero no quiero morir. Todavía tengo muchas cosas pendientes y necesito tiempo para dejarlas en orden.
—Tú...
—Y después volveré a la cárcel para pagar por lo que hice.
Al escuchar esas palabras, Ignacio no pudo contener un nudo en la garganta.
Thiago había dado un paso en falso y, a partir de ahí, todo su camino se había torcido.
—No pasa nada —le dijo Ignacio, intentando animarlo—. Cuando salgas, seguirás siendo el mismo de siempre. Podremos empezar de cero.
Tres noches después, Renata recibió un mensaje inesperado de Thiago con un enlace para que lo abriera.
Al entrar, se dio cuenta de que Thiago estaba haciendo una transmisión en vivo.
El escándalo sobre el acoso escolar de Nadia, su abandono de la serie y su embarazo todavía estaba fresco en la memoria de la gente. Por eso, siendo Thiago el jefe de la agencia de Nadia, su transmisión no tardó en atraer a más de diez mil personas en cuestión de minutos.
Justo en ese instante, el teléfono de Thiago volvió a sonar.
Al mirar la pantalla, vio que era Nadia. Contestó y puso la llamada en altavoz.
—¡Thiago, tú...! ¡Cierra la transmisión de inmediato, veámonos para hablar! —exclamó Nadia, con la voz temblorosa.
—Hay miles de personas escuchando. Lo que tengas que decir, dilo ahora —respondió Thiago con una calma inquietante.
—¡No puedes soltar todas esas mentiras en vivo! ¡Me estás arruinando la vida!
—Solo estoy diciendo la verdad.
—¡No, eso no es cierto! ¡Yo no iba manejando, yo no acosé a Renata, yo...!
—Ah, por cierto, lo de su embarazo también es verdad. Mientras yo cumplía condena por ella, volvió con su primer amor y me traicionó —añadió Thiago, dirigiéndose nuevamente a la cámara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...