Federico contestó rápidamente la llamada del chofer.
—¿Qué pasó? —preguntó.
El chofer, al escucharlo, se apresuró a decir:
—Señor, usted me indicó que le marcara de inmediato si notaba algo raro con Jimena. Hoy la vi un poco decaída, no sé si se sienta mal.
Al terminar de hablar, se hizo un largo silencio al otro lado de la línea.
—¿Señor?
La voz de Federico sonó fría al responder.
—Enterado.
Tras decir esto, colgó sin más.
El chofer se quedó viendo su celular, con el ceño fruncido por la confusión.
¿Enterado?
¿Y luego?
Por su parte, en cuanto Federico colgó, aventó las cartas sobre la mesa, agarró su saco y se levantó de la silla.
—Ya me voy —anunció.
Moisés y Elian se quedaron con la boca abierta.
—¿Ya te abriste? —le preguntaron.
Federico había sido el de la idea de juntarse a jugar cartas.
Apenas se acababan de sentar, ni siquiera habían empezado la primera mano y él ya se estaba despidiendo.
Federico asintió y respondió con tranquilidad:
—Jimena no se siente bien, tengo que ir a checarla. Si no, mi mamá me va a armar un pancho.
Al escucharlo, Moisés soltó una carcajada burlona.
—¡Ay, por favor! Si el que está preocupado eres tú, ¿para qué metes a tu mamá? Últimamente Jimena ni te marca, y tú de todos modos sales corriendo a tu casa tempranito, portándote más bien que un niño de primaria.
Federico, molesto por la carrilla, le soltó una patada a la silla de Moisés.
—Vete al diablo.
Moisés no se enojó, al contrario, sonrió y le dijo:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...