Federico, al ver que después de la llamada del chofer ahora le marcaba Delfina, sintió que el corazón se le salía del pecho. Pensó que le había pasado algo malo a Jimena.
Sin dudarlo ni un segundo, pisó a fondo el acelerador del carro mientras contestaba la llamada.
—¿Qué pasó? —exigió saber, con una voz que sonaba tensa y llena de urgencia.
Delfina hizo una pausa del otro lado de la línea y alzó la vista hacia donde estaba Jimena.
En ese preciso momento, Jimena también la estaba viendo, con una mirada interrogante.
Delfina se aclaró la garganta de inmediato y, fingiendo que no pasaba nada, habló:
—Señor, la señora Jimena salió temprano hoy y va a cenar aquí. ¿Va a venir usted también para que prepare suficiente comida para los dos?
Al escuchar eso, Federico soltó un poco el agarre que tenía sobre el volante y su celular.
—¿Jimena está bien? ¿No se siente enferma ni nada?
Delfina observó a Jimena, que en ese momento empezaba a subir las escaleras, y contestó:
—Hasta ahorita se ve bien.
El alma le volvió al cuerpo a Federico. Dejó escapar un suspiro de alivio y ordenó:
—Sí voy a ir a cenar. Prepara las cosas que más le gusten a ella.
Delfina sonrió encantada.
—Claro que sí.
Al recibir la confirmación, Federico terminó la llamada.
La ama de llaves guardó su teléfono y le gritó a Jimena, que seguía en los escalones:
—¡Señora, dice el señor Federico que sí viene a cenar!
Jimena detuvo su andar por un segundo, asintió y respondió:
—Está bien.
Con una sonrisa de satisfacción, Delfina se dirigió a la cocina para poner manos a la obra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...