Regina se mordió el labio con fuerza y, finalmente, regresó a su habitación por su propia cuenta.
Una vez dentro, se metió al baño y se dio una ducha de agua fría. A pesar de eso, la tormenta emocional la torturó durante toda la noche.
A la mañana siguiente, al levantarse y mirarse al espejo, notó que tenía unas ojeras profundas y el rostro demacrado y amarillento. Apretó los dientes al recordar todo lo que había hecho la noche anterior y sintió una vergüenza insoportable.
Cerró los ojos, deseando llamar a Federico para explicarle su comportamiento, pero al recordar que se había negado a ir al hospital, le dio pena. Tenía miedo de escuchar de boca de Federico cosas que no quería oír.
Parada frente al espejo, Regina solo tenía ganas de llorar. En ese momento, entró una llamada de Santiago. Al ver el nombre en la pantalla, contestó.
—Santiago...
Su voz sonaba quebrada, a punto del llanto. Santiago ya sabía desde la noche anterior que Federico había ido al aeropuerto puntualmente y ya estaba de regreso en Santa Brisa.
—Parece que tu plan falló —dijo Santiago, con un tono indescifrable.
Regina soltó un suave «mjm», sintiéndose incapaz de levantar la cabeza. Era demasiado humillante. Ni siquiera sabía cómo iba a darle la cara a Federico ahora.
—¿Qué hago, Santiago? Creo que perdí a Federico para siempre —dijo Regina con la voz llena de nerviosismo.
Santiago guardó silencio unos instantes antes de responder con indiferencia:
—No diría que totalmente. Seguro que en el corazón de Federico todavía hay un lugar para ti. Después de todo, eres la novia con la que más tiempo ha durado.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...