Esa urgencia que mostraba Federico la tenía hecha un manojo de nervios.
Tras sentarse en su escritorio, se quedó mirando la pantalla de la computadora como ida. Le costó varios minutos calmarse lo suficiente para poder enfocarse en sus tareas.
Se quedó encerrada trabajando hasta pasadas las nueve.
Por alguna razón que ni ella entendía, sentía pánico de enfrentar esa mirada tan intensa de su marido.
Cuando por fin cerró los programas de trabajo, se quedó embelesada viendo su propio reflejo en la pantalla apagada.
Respiró hondo para darse valor, cerró la laptop y se puso de pie.
Al mismo tiempo, Federico ya venía bajando los escalones.
Jimena cruzó la puerta del estudio justo a tiempo para topárselo de frente.
Él posó su vista en ella y, con una sonrisa de lado, le dijo en un tono relajado:
—Ya hasta creí que te habías arrepentido de subir.
Jimena sostuvo su mirada, respondiendo con una tranquilidad impecable.
—¿Y por qué me daría miedo subir?
Federico levantó las cejas y se quedó viéndola desde el descanso de la escalera, sin borrar la sonrisa de su rostro.
Ella comenzó a subir y pasó por un lado de él con paso firme.
Él, sin perder tiempo, le pisó los talones hasta el piso de arriba.
Al llegar a la puerta de su cuarto, Jimena se detuvo y aclaró:
—Primero me voy a bañar.
Federico asintió, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Ya hasta te preparé la tina.
Jimena se quedó atónita ante el nivel de su anticipación.
—Gracias —dijo al final.
Federico la envolvió con una mirada tierna y replicó en voz baja:
—No hay de qué, es lo menos que puedo hacer por mi mujer.
Jimena no hizo ningún comentario, solo apretó los labios y se metió al cuarto.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...