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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1286

—Tengo trabajo pendiente, me regreso a mi oficina.

Jimena esquivó la mirada de Federico, murmuró esa excusa y se dio la vuelta para salir de la oficina de la señora Núñez.

Federico no tardó ni un segundo en seguirla.

La señora Núñez los vio salir y negó con la cabeza.

Era obvio que Federico ya estaba loco por ella, el problema era saber si Jimena sentía lo mismo.

Soltó un suspiro al recordar todas las estupideces que había hecho Federico hace poco. Volvió a negar con la cabeza.

Quizás ahora sí le tocaría sufrir un buen rato para ganarse el corazón de Jimena.

Pero, por otro lado, eso le vendría bien.

Así dejaría de aferrarse tanto a ese tonto sentido de la lealtad hacia su pasado, rompiendo con ataduras que ya no le correspondían.

En cuanto Jimena entró a su oficina, Federico pasó detrás de ella.

Al ver al hombre que le pisaba los talones, ella le preguntó:

—¿Ya terminaste con todos tus pendientes en Entretenimiento y Futuro S.L.?

Él asintió y respondió con naturalidad:

—Todo listo. Cualquier otro problema, que lo resuelva mi asistente.

—Si no pasa nada raro, voy a estar viniendo todos estos días a Grupo Núñez.

—Así que, señorita Calvo, cuento con su paciencia y apoyo —agregó Federico, con una sonrisa pícara y tono de broma.

Jimena apretó los labios, caminó hacia su silla y tomó asiento, respondiendo con frialdad:

—Más bien, soy yo la que espera aprender mucho de usted, señor Núñez.

Federico no era ajeno al negocio de su familia.

Era evidente que él conocía los proyectos de Grupo Núñez mucho mejor que ella.

Incluso sabía a la perfección quién era quién y qué tipo de conexiones internas se manejaban.

Él alzó una ceja y jaló la silla frente al escritorio de Jimena para sentarse.

—Señorita Calvo, ¿alguna vez te he dicho lo lista que eres?

—¿No me digas que estabas esperando a que me fuera para hablar mal de mí y no encontrabas el momento?

Violeta no supo qué responder a eso.

¿Acaso este hombre leía mentes?

Justamente quería hablar sobre él y sobre el asunto con Regina Serrano.

Pero obviamente no era tan valiente como para meter cizaña frente al mismísimo esposo. Así que soltó una risa nerviosa.

—¡Claro que no!

—Ay, me acabo de acordar que me falta revisar un dato. Las dejo para que sigan trabajando.

Federico la vio huir y enarcó una ceja.

Jimena seguía concentrada en lo suyo, como si toda la interacción no le importara en absoluto.

Sin embargo, en la cabeza de Federico sonaron todas las alarmas.

Le había costado sangre y sudor acortar la distancia entre ellos. Si algo salía mal en este punto tan delicado, conociendo cómo era Jimena, estaba seguro de que ella volvería a levantar su muro y retrocedería mil pasos de golpe.

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