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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1376

Jimena captó a la perfección la preocupación en la mirada de su asistente. Dejó de mirar por la ventana, respiró profundo y, con un destello de firmeza en los ojos, le dijo:

—Incluso sin la protección de un padre, seré más que capaz de darle un buen futuro a este bebé.

Violeta no tardó en darle la razón.

—Así es. ¡Nosotras no necesitamos a ningún hombre para salir adelante y cuidar de todo!

Jimena bajó la mirada, ocultando su tristeza, y le indicó:

—Cómprame un boleto de avión para regresar a San Miguel Antiguo este lunes.

Violeta asintió de inmediato.

—Claro que sí. ¿Eso significa que nos mudamos de vuelta a San Miguel Antiguo?

Jimena negó con la cabeza.

—No volveremos del todo hasta que la sucursal de Colonia Sur Verde empiece a dar buenos resultados. Solo iré a San Miguel Antiguo para hacerme mis revisiones médicas.

Con la situación actual, era seguro que había un montón de gente vigilándola en Santa Brisa, y no estaba dispuesta a dejar que los paparazis documentaran cada paso de su embarazo.

Violeta asintió, entendiendo sus motivos. Al llegar al edificio de la sucursal, Jimena se bajó y se dirigió a la entrada. Mientras pasaba por la recepción, la encargada salió a su encuentro para avisarle.

—Señorita Calvo, hay una mujer de apellido Espino que la está buscando.

Al escuchar el nombre, Jimena desvió la mirada hacia la sala de espera. Efectivamente, ahí estaba Rosalía Espino, sentada en un sillón, dándole un sorbo a un vaso con agua.

En cuanto vio entrar a Jimena, dejó su bebida sobre la mesa, se puso de pie con una sonrisa a medias y la saludó con falsa cortesía.

—Jimena, ¡cuánto tiempo sin vernos!

Violeta acababa de entrar tras estacionar el coche y se topó con la escena. Poniéndose en alerta máxima de inmediato, se acercó a Jimena para advertirle.

—Señorita Calvo, adelante a su oficina. Yo me encargo de correrla.

Jimena levantó la mano para detenerla y le contestó con tranquilidad:

Rosalía soltó una risita nerviosa.

—Pero no es lo mismo que te lo mande un extraño a que te lo traiga yo en persona. Es diferente.

Jimena clavó sus ojos indiferentes sobre Rosalía.

—Tienes razón, es muy diferente. Si me lo manda otra persona, tengo garantizado que es seguro para comer. Si me lo traes tú, me da pánico pensar que le echaste veneno.

A Rosalía se le descompuso el rostro ante el comentario. Respiró hondo para no perder los estribos.

—Jimena, aunque Franco y yo ya hayamos terminado, supongo que nuestra amistad no podrá volver a ser la de antes, ¿cierto?

—¡Qué pregunta más absurda! —replicó Jimena.

Rosalía se mordió el labio y prosiguió con voz suave.

—Jimena, en serio creo que somos perfectas para ser amigas.

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