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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1476

Jimena levantó la mirada hacia Federico. Sus fríos ojos no mostraban mucha emoción; abrió ligeramente sus labios rojos y habló con lentitud.

—Señor Núñez, no nos hemos visto en seis años, ¿qué clase de relación podríamos tener?

Aparte de describirlo como un "conocido", a Jimena ni siquiera se le ocurría una palabra mejor para definir lo que había entre ellos.

Durante esos seis años, parecía que habían vivido en dimensiones paralelas.

Jamás se habían cruzado.

Simplemente sabían que el otro existía en este mundo.

Federico frunció el ceño con fuerza, herido por las palabras de Jimena.

Estaba a punto de hablar cuando el elevador cayó bruscamente.

Álvaro, al fin y al cabo un niño, se asustó de inmediato al enfrentarse a esta situación por primera vez y se aferró con fuerza a Jimena.

—¡Mamá...!

Su grito hizo que el corazón de Federico diera un vuelco.

Casi por instinto, dio un paso adelante y los envolvió a los dos en sus brazos.

—No tengan miedo —murmuró, tratando de consolarlos.

Y comenzó a pensar rápidamente en qué hacer.

Poco después, el elevador se detuvo de golpe entre dos pisos.

Al detenerse, las luces de la cabina se apagaron.

Jimena abrazó con fuerza a su hijo y le preguntó en voz baja:

—Álvaro, ¿estás bien?

El niño se aferró a ella y negó con la cabeza.

—Mamá, yo estoy bien. ¿A ti te pasó algo?

Jimena suspiró aliviada en su interior y le respondió en un susurro.

—Yo estoy bien.

En la oscuridad no podía ver nada, solo le llegaba el inconfundible aroma a menta que desprendía Federico.

Buscó a tientas el celular en su bolso y encendió la linterna.

Federico, con mucho tacto, retiró los brazos en ese instante.

Álvaro siempre había rechazado los lugares oscuros.

Seguramente era a causa de aquel secuestro que había sufrido.

Jimena se agachó y lo tomó en brazos. Le acarició la espalda para calmarlo.

Él le rodeó el cuello con sus bracitos, escondió la cara en el hueco del cuello de Jimena y bajó la cabeza.

Afuera se escuchaba a los técnicos trabajando en el mecanismo del elevador.

El encargado de la plaza comercial se comunicó con Federico desde el otro lado para saber cuántas personas estaban atrapadas.

Federico echó un vistazo a Jimena y a Álvaro. Al ver al niño acurrucado en los brazos de su madre, respondió con voz firme.

Dejó en claro la situación:

—Tres. Somos dos adultos y un niño. El niño está muy asustado, así que dense prisa.

Desde afuera, el encargado ofreció las típicas garantías oficiales y unas sentidas disculpas.

Federico frunció el ceño, se acercó a Jimena, le alborotó un poco el cabello a Álvaro y le dijo con tono suave:

—Eres todo un hombrecito, debes ser fuerte. ¿Acaso te vas a dejar vencer por una cosita de nada como esta?

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