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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 572

Al traerla hoy a esa reunión, era obvio que su intención era integrarla en el grupo. Como mujer de los Montes, a la larga, asistir a este tipo de compromisos entre las esposas de la alta sociedad sería inevitable.

Se había embarazado para amarrarlo, aprovechando el momento perfecto para atrapar a David.

Luego, tuvo la sangre fría de abandonar a su hija para marcharse lejos.

Pasó cinco años formándose y cambiando radicalmente.

Y ahora hacía un regreso triunfal. Consiguió que David pasara de odiarla a buscarla de forma sumisa. Cada movimiento de Esmeralda había sido arriesgado, pero calculó cada paso con una precisión letal; si hubiera fallado en lo más mínimo, toda su estrategia se habría desmoronado.

Venía de una familia en la ruina y de un salto se convirtió en la señora Montes. Ese nivel de escalada social no era para cualquiera.

Demostraba que su inteligencia y su ambición superaban por mucho a las de una persona normal.

Viéndolo desde esa perspectiva, ya no resultaba tan sorpresivo que hubiera logrado casarse con David.

Aunque por cómo se comportaban, parecía que aún no se habían reconciliado del todo.

Los dos eran demasiado calculadores. Solo faltaba ver quién de los dos terminaba cediendo ante el otro.

Al notar la mirada escrutadora de Emilia, Esmeralda le dirigió una sonrisa leve.

—¿Todavía no te acostumbras a este tipo de ambientes? —le preguntó Emilia.

Ese comentario tomó por sorpresa a las demás mujeres. Por el tono de Emilia, sonaban bastante conocidas.

—Estoy bien —contestó Esmeralda.

Emilia le dedicó una sonrisa amistosa.

—Ya te acostumbrarás conforme vayamos saliendo más.

Esmeralda asintió y ahí quedó la plática. Ya no cruzaron más palabras.

Ese día, Enzo Catalán también había asistido a la fiesta, y Emanuel se acercó a recibirlo.

—Vaya, el señor Catalán nos honra con su presencia. Qué milagro verlo por aquí.

Enzo emitió un sonido afirmativo por pura cortesía.

—¿Cómo es que el señor Catalán no vino acompañado de su querida hermana, la señorita Santana? —continuó Fermín con tono mordaz.

—Regresó a Valdemar hace unas semanas —contestó Enzo fríamente.

—Uy, con que así están las cosas. David ya no la trae con él y tú, siendo el hermano, la dejas a la deriva. Qué lástima por la pobre señorita Santana... Oye, fíjate que siempre me pareció muy atractiva. ¿Qué dices, señor Catalán? ¿No te animarías a ser nuestro cupido y presentármela?

La verdad era que Clara Santana era una mujer preciosa, poseedora de una belleza natural pocas veces vista. Raro era el hombre que la viera y no sintiera la más mínima atracción.

Claro que las palabras de Fermín no tenían otra intención que provocar a Enzo, pues todos sabían muy bien que antes Clara había sido la amante de David.

Enzo esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—No acostumbro hacerla de casamentero de nadie.

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