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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1303

—Acabo de mandarla comprar, está nueva —dijo Leonardo—. Ve al baño a cambiarte.

Sombra dudó, sin saber si debía aceptarla o no.

Ya había marcado su distancia con él, y aceptar un favor solo complicaría las cosas.

Pero si no se cambiaba...

La camisa blanca que llevaba puesta estaba empapada de vino, haciendo que su ropa interior se transparentara un poco.

—Gracias. —Sombra tomó la bolsa y por inercia se dirigió hacia el baño de mujeres.

Pero al llegar a la puerta, se detuvo en seco.

Frenó de golpe, miró hacia atrás y vio a Leonardo observándola con el ceño fruncido.

¡No podía entrar al baño de hombres!

Ella nunca usaba los baños públicos cuando estaba disfrazada.

Hace un momento solo pretendía lavarse la cara para despejarse, jamás imaginó que chocaría con Leonardo.

—Mmm... —Sombra se dio la vuelta, con una sonrisa nerviosa—. Leonardo, no me gusta cambiarme frente a otras personas. ¿Tienen un baño privado en su sala, verdad? ¿Me lo prestas un momento?

«Cuántas exigencias».

—Vamos —suspiró Leonardo, empujando la puerta para que entrara.

La sala era una suite, y el baño estaba justo en la entrada, así que las personas que estaban charlando en el interior no se dieron cuenta.

Sombra se escabulló rápidamente al baño.

Se arregló un poco y se puso la ropa limpia.

La camisa de Leonardo le quedaba un poco grande, pero al meterla dentro del pantalón se veía bien.

Dejó desabotonados los dos primeros botones, revelando unas clavículas delicadas y hermosas.

Se alborotó un poco el cabello con las manos.

Se miró al espejo, respiró hondo un par de veces y se armó de valor para abrir la puerta.

La puerta de la sala principal estaba abierta y parecía que las personas con las que estaba reunido ya se habían ido.

—¿Cuánto te debo? Te lo transfiero —dijo Sombra, apartando la mirada y forzando una sonrisa.

—No es necesario.

Leonardo aún seguía molesto porque ella lo había ignorado. Mantuvo un rostro inexpresivo y su tono fue bajo:

—Mi representante tuvo que irse por un asunto urgente, así que no tengo a nadie que me lleve a casa.

—¿Me estás pidiendo que te lleve yo? —La sonrisa de Sombra desapareció.

—¿Qué más queda? —Leonardo frunció el ceño y apretó los labios—. Le salvé la vida al Sr. Sombra, solo estoy pidiendo un aventón, y tú...

—¡Alto, alto! Te llevo, ¿de acuerdo? —Sombra lo interrumpió, sintiéndose incómoda—. Pero tendrás que esperar un poco, vine con un amigo.

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