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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1383

—¿Qué pasa?

Sombra observó a Carla, que había llegado corriendo y sin aliento. Su voz sonó clara y melodiosa:

—Ya recibiste el contrato del Submundo, ¿verdad?

—Sí, lo recibí —asintió Carla, sin apartar la mirada de Sombra, visiblemente emocionada—. Señorita Carrasco, muchas gracias.

—No revelaste mi secreto, esta es tu recompensa —respondió Sombra con una leve sonrisa—. Por seguridad, vete de Somerlandia lo antes posible.

—Sí —Carla asintió con seriedad—. Señorita Carrasco, se ve hermosa sin el maquillaje de hombre.

—¿Quién es más guapo, yo o Leonardo?

Carla sintió un vuelco en el corazón y se apresuró a explicarse:

—Señorita Carrasco, ya no quiero la foto autografiada de Leonardo, por favor no me malinterprete.

—¿Qué tiene de malo? —Sombra se encogió de hombros, y al mencionar a Leonardo, sus ojos se llenaron de alegría—. Tengo una foto suya mostrando los abdominales, haré que te la firme y te la doy.

Carla se quedó sin habla.

¡Qué generosa era la Señorita Carrasco!

***

Después de despedirse de Carla, Sombra se dirigió directamente al Departamento de Auditoría.

No solo Leandro estaba allí; Zoe Alvarado y su hija también habían sido arrestadas y estaban siendo interrogadas.

—¿A qué viniste? ¿A burlarte de mí?

Leandro había visto la transmisión de las elecciones y ya sabía que Sombra había revelado su identidad. Había comprendido a la perfección que todo había sido una trampa.

—Por supuesto que vine a ver cómo fracasan —respondió Sombra, bajando la mirada para observar a su padre, que estaba abatido y pálido, y habló con lentitud—. Todo su esfuerzo fue en vano. Estoy segura de que el espíritu de mi madre debe estar muy feliz.

—¡Lárgate! ¡Lárgate de aquí! ¡No quiero volver a verte! —gritó Leandro como un desquiciado—. ¡Lo perdí todo, pero tú tampoco la pasarás bien!

—Te equivocas —Sombra curvó los labios en una suave sonrisa—. ¿Cómo voy a no tener nada? Tengo a mi familia que me ama y a mi pareja. Eres tú, Leandro, quien no tiene a nadie respaldándolo.

—Acabo de ir a ver a Zoe y a Luna. Para salvarse, te están echando la culpa de muchísimos crímenes.

—Vaya, de verdad que son tal para cual.

Los ojos de Leandro se inyectaron en sangre. Aquellas palabras eran como echarle sal en la herida.

Sentía rabia, arrepentimiento, pero sobre todo, impotencia.

—¿Pagar? —Sombra sonrió con un tono sereno—. Tal vez, pero dudo que ustedes sigan con vida para verme pagar.

Zoe palideció aún más, y el miedo asomó en sus ojos.

Durante los años que Leandro fue Mandatario, habían abusado de su poder y ofendido a demasiada gente.

Ahora que estaban en la ruina, habría una larga fila de personas buscando venganza.

—¿Recuerdas cómo te pavoneabas frente a mi madre gravemente enferma, presumiendo tu enorme vientre de embarazada?

Sombra dio un paso adelante y fijó su mirada en el rostro de la mujer, pronunciando cada palabra con firmeza:

—¡El que ríe al último, ríe mejor!

Zoe apretó los dientes, negándose a recordar.

—¿Y bien?

Sombra se sacudió una pelusa invisible de la ropa y de sus labios rojos salieron palabras que cortaban como cuchillos:

—¡Al final, fui yo quien ganó este juego!

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