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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1666

¿Eh?

Al ver los ojos llorosos de Héctor, Gilda frunció el ceño.

¿Era para tanto?

—Entrenadora Gilda, ¿crees que voy a perder la mano? —Héctor la miró con cara de tragedia—. Llévame al hospital, por favor.

—Deja de lloriquear. —Gilda lo fulminó con la mirada. Estuvo a punto de decirle que no fuera tan delicado, pero recordó que se había lastimado porque supuestamente iba a llevarle un paraguas. Se tragó los regaños y dijo—: Son solo unos rasguños. Con desinfectante y pomada tienes.

Para cuando llegaran al hospital, ya tendría costra.

—Entonces ponme la pomada tú. —Héctor hizo un puchero y, de paso, le lanzó una mirada arrogante a Máximo—. Del susto, la mano izquierda se me quedó paralizada.

...

Gilda no cayó en el teatro y bufó, irritada.

—Vuelve a hacer esa vocecita aguda y verás.

—Uy, perdón.

—La señorita Gilda es muy buena con su hermanito. —Máximo mantenía su sonrisa intacta, con los ojos pegados a Gilda.

—¿A quién le dices hermanito? —Héctor erizó las púas de inmediato.

—¿Eh? —Máximo se hizo el inocente y preguntó sonriendo—: ¿No eres su hermanito?

...

Héctor abrió la boca, pero no supo qué responder. Lo era y no lo era.

—¿Y bien, de qué quería hablarme? —Gilda interrumpió la inútil conversación entre los dos.

—Nada en especial, solo quería darle las gracias por lo de hace años.

Diciendo esto, Máximo sacó una cajita de terciopelo azul de su bolsillo.

—Elegí esto especialmente para usted. No es muy costoso.

Al abrir la caja, reveló una pulsera de diamantes color zafiro. Las gemas brillaban espectacularmente bajo las luces del local.

¿No era costoso?

Héctor, que llevaba toda la vida acompañando a su madre a las boutiques de lujo, sabía reconocer las cosas de alta gama.

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