Bahía Turquesa.
Sombra llevaba un maquillaje impecable y una máscara de mariposa que cubría la mitad de su rostro.
Arrastró a Aldana, quien también llevaba una máscara, a través de la pista de baile vibrante.
Abajo, la multitud, con todo tipo de accesorios ocultando sus rostros, movía el cuerpo desenfrenadamente al ritmo de la música.
En el escenario, los bailarines con el torso desnudo o vestidos con trajes provocativos hacían estallar la atmósfera.
—¡Ahhhhhh!
Un simple movimiento era suficiente para desatar los gritos ensordecedores de las chicas.
—¿Dónde estamos? —preguntó Aldana, mirando a su alrededor con curiosidad—. ¿No veníamos a comer?
Sombra estuvo a punto de desmayarse. De todo lo que le había prometido, ¿solo había escuchado la palabra "comer"?
—Aquí puedes comer, mirar y tocar, ¿no es perfecto?
Sombra la tomó del brazo y la guio hacia la zona VIP.
—Lo de afuera es solo para pasar el rato, lo mejor está adentro. Son altos, guapos, de hombros anchos, cinturas estrechas, piernas largas y unos abdominales de acero.
—Y lo más importante: pueden bailar justo frente a ti y darte la comida en la boca.
—Pero... —Sombra bajó la voz y habló con cautela—. De esto, Leonardo no puede enterarse, ¿entendido?
—Ah.
Aldana por fin comprendió y habló arrastrando las palabras:
—¡Usaste mi despedida de soltera como excusa para venir a ver modelos a escondidas!
—¡Shhh!
Sombra le tapó la boca apresuradamente, riendo con nerviosismo.
—¡Somos amigas! ¡En las buenas y en las malas!
Aldana apretó los labios.
—Si Leonardo y Rogelio se enteran, estamos muertas.
—¿Desde cuándo le tienes tanto miedo a ese viejo zorro? —Sombra no lo entendía—. ¿Acaso te asusta no poder ganarle en una pelea?
Aldana frunció los labios. En "ciertos contextos" muy específicos, de verdad no podía ganarle.
Al ver que Aldana la miraba en silencio, Sombra lo captó al instante.
Se quedó callada.
Tsk.

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