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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1625

Rogelio la fulminó con una mirada lúgubre y penetrante. Si las miradas fuesen dagas, Sombra estaba segura de que ya habría sido descuartizada.

Estamos muertas, muertas, muertísimas.

—Aldi, creo que mejor me voy. —Sombra tiró suavemente de la ropa de Aldana—. Si el viejo zorro lo sabe, lo más seguro es que Leonardo también se entere. Me voy a la casa a hacerme la muerta.

—Mira hacia la puerta —murmuró Aldana sin apenas mover los labios—. Ese hombre que está entrando, ¿no se parece un poco a Leonardo?

Sombra: «¿?»

Al enfocar la vista.

Sombra: «¡!»

Atrapó de inmediato al camarero que pasaba por ahí y le preguntó desesperada:

—¿Tienen puerta trasera? ¡¿Este lugar tiene una salida de emergencia?! ¡Dime que sí!

—No, n-no tenemos.

El camarero sentía que la mujer le estaba sacudiendo el cerebro hasta hacérselo puré.

—Cuídate, amiga.

Sombra se desinfló como un globo pinchado. Le dio unas palmaditas en el hombro a Aldana y miró a Leonardo con terror:

—Amor, escucha mis excusas... digo, escucha mi explicación...

Rogelio llevaba el cubrebocas puesto, así que era imposible ver su expresión.

Pero Leonardo no llevaba nada, y su rostro estaba más oscuro que el carbón. Daba auténtico terror.

Leonardo miró a los hombres sin camisa en el escenario, luego a su asustada esposa, y habló con voz profunda:

—Muy bien. Te escucho. Explícate.

—Mañana es la boda de Aldana, así que pensamos en salir a relajarnos un rato.

Sombra entrelazó sus dedos con los de Leonardo y explicó con cautela:

—La idea original era ir a cantar al karaoke, pero no sé cómo, cerramos los ojos y de repente estábamos aquí.

Leonardo la miró fijamente, con una expresión que gritaba: «¿De verdad crees que soy idiota?».

—Bueno... —Al ver que Leonardo no le creía, Sombra tartamudeó tratando de organizar sus ideas—. Solo queríamos relajarnos, ¡no hicimos nada malo!

—Nos vamos a casa.

Leonardo le apretó la mano, manteniendo una expresión estoica.

—Allá ajustaremos cuentas con calma.

—¡Aldana, sálvame!

Sombra clamó por ayuda. Aldana abrió la boca para decir algo, pero al toparse con la mirada de Rogelio, la volvió a cerrar en silencio.

—Jefe, le juro que no tengo nada que ver con esto. Fue su novia la que dijo que quería pagar para comprarme por dos días.

—¿Comprarte?

Rogelio lo examinó de pies a cabeza. Un ataque de celos lo invadió, y se volvió hacia Aldana, furioso.

—¿Es más guapo que yo?

Aldana negó con la cabeza.

—¿Tiene mejor cuerpo que yo?

Aldana volvió a negar.

—¿Tiene más dinero y sabe cómo consentirte mejor que yo?

Aldana: —No.

—Entonces dime, ¿qué le viste? —Rogelio estaba furioso, pero no se atrevía a descargar su enojo del todo.

¿Y si decía algo muy duro y su prometida huía de la boda al día siguiente?

¡Buscar jovencitos a sus espaldas antes de casarse!

¿Ni siquiera se habían casado y ya se había aburrido de él?

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