Si de verdad se armaba un escándalo...
¿No arruinaría la boda de mañana?
Si los abuelos se enteraban, lo matarían a golpes.
¡Ah!
¡Maldita sea su boca suelta!
—¡Hermano! —Héctor aceleró el paso, corriendo para intentar calmar las aguas.
Al doblar la esquina, chocó de frente contra Rogelio, quien se había detenido de golpe.
—¡Ay! —Héctor se cubrió la cara, encogiéndose de dolor—. ¡Mi hermosa nariz! ¡Creo que me la rompiste!
—Ve a buscarme un cubrebocas —ordenó Rogelio, clavándole una mirada helada.
Héctor lo miró sin entender:
—¿Eh?
Rogelio lo fulminó con los ojos, su tono lleno de impaciencia:
—¿Qué de qué? ¡Ve rápido!
—Sí, sí, sí.
Héctor estaba muerto de miedo. De inmediato ordenó a un empleado que buscara uno, y rápidamente consiguió un cubrebocas negro en la recepción.
—Hermano, por favor, hablen las cosas con calma —suplicó Héctor al ver a Rogelio avanzar con paso amenazador—. Puede que mi cuñada solo estuviera nerviosa por la boda y salió a relajarse un rato.
—Solo está mirando, no ha tocado nada. Te juro que no tiene intención de traicionarte.
—Her...
La palabra se quedó atorada en su garganta. Héctor vio de pronto a la cuñadita, quien supuestamente debía estar sentada tranquilamente entre el público.
Pero no. ¿En qué momento se había subido al escenario? Estaba rodeando a un hombre musculoso sin camisa, examinándolo de arriba abajo.
Y mientras lo miraba, parecía que estaba a punto de extender la mano para tocarlo.
A su lado, Sombra tenía los brazos cruzados y lucía una sonrisa radiante.
—Esto...
Héctor se quedó mudo. Miró de reojo a Rogelio y sintió que el fin del mundo había llegado.
—Avisa al actor Leonardo que venga a recoger a su esposa —soltó Rogelio antes de adentrarse en el lugar a zancadas.
—Entendido.
Héctor asintió y, de paso, le pidió al dueño del club que desalojara a los demás clientes.
Por suerte, los precios en la zona VIP eran astronómicos y aún era temprano, por lo que no había demasiada gente.
Calculó que Leonardo estaba por llegar.
Héctor siguió a Rogelio con mucho cuidado.
Justo al acercarse, escucharon a Aldana decir:

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