¿La cuñada de su cuñada?
¡Qué trabalenguas!
—No, no, para nada —se disculparon los amigos rápidamente, riendo—. Lo decíamos como un cumplido sincero. Sin segundas intenciones.
—Más les vale.
Héctor bufó con frialdad y añadió en tono serio:
—Menos mal que mi cuñada es una chica decente y no viene a estos lugares. Si no, mi hermano...
—¡Aldana!
Antes de que Héctor pudiera terminar la frase, Sombra gritó de repente hacia lo lejos:
—¡Ven aquí, baila con nosotros!
¿Quién?
¿Aldana?
Héctor siguió la mirada de Sombra y vio a una chica aún más familiar sentada en uno de los sillones privados.
—¡¡¡No puede ser!!!
Héctor se llevó otra sorpresa, casi se le salen los ojos de las órbitas.
—¿Esa no es mi cuñada? ¿Qué hace ella aquí?
Los amigos: Eh...
¿Quién acababa de decir que su cuñada jamás pisaría un lugar así?
—¡Ven, ven!
Sombra tiró de Aldana para que se levantara y se dirigió a los atractivos modelos en el escenario:
—Muestren todo lo que tienen. Aquí mi amiga tiene dinero de sobra.
Al escuchar eso, los jóvenes del escenario se arrancaron las finas camisas de un tirón.
—¡Ahhhhhh!
La audiencia estalló en gritos agudos.
Aldana, tomada por sorpresa, fue arrastrada hacia el frente, teniendo una vista completa del espectáculo.
—¿Qué te parece? Comparado con tu viejo zorro, ¿quién está mejor? —Sombra le guiñó un ojo—. Las mujeres necesitamos ver estas cosas para tener energía para enfrentar la vida.
—Aquel está mejor... —comentó Aldana, sin apartar la mirada de uno de los hombres en particular.
¡¡¡!!!
Héctor se revolvió el cabello con desesperación. Sentía que le estaban robando la esposa a su hermano mayor frente a sus narices.
—Entren ustedes primero, tengo que hacer una llamada. —Tras decir eso, Héctor tomó su teléfono y salió apresuradamente.
***
Mansión Lucero.
Rogelio estaba sentado en la sala de estar, discutiendo los últimos detalles de la boda con los mayores de la familia.

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