Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1621

—Hagamos esto, déjame hablar con mi esposa —dijo Rogelio Lucero con lentitud—. ¿Qué le parece, Srta. Yáñez?

Oh.

¿Rogelio la había reconocido?

Aunque Lourdes no tenía intención de ocultárselo a ese viejo zorro, ser descubierta en el primer intento era demasiado patético.

Lourdes miró a Aldana Carrillo. Al ver la sonrisa en sus labios, sintió que se había convertido en un simple peón dentro de los juegos de esta pareja de casados.

—Qué aburrido, esto no tiene ninguna gracia.

Lourdes apartó las cobijas, tomó su copa de vino tinto de la mesa y caminó hacia la puerta, indignada.

Al llegar al umbral, se detuvo de golpe y le gritó al teléfono:

—Ese Lucero, prepárate para el día de la boda. Ya verás.

—Aldi, creo que acabo de ofender a tu amiga Lourdes.

La sonrisa de Rogelio desapareció y su tono se volvió sumiso.

—El día de la boda, no me pondrá las cosas imposibles de verdad, ¿o sí?

—¿No crees que es un poco tarde para preocuparse por eso?

Aldana sonrió con sutileza y respondió con total seriedad:

—Me parece que no solo ofendiste a Lourdes. Solo será un obstáculo más en tu camino, no te preocupes.

Rogelio: «???»

***

Poco después.

Lourdes regresó a la habitación con su copa de vino, moviéndose con la pereza de una gatita consentida.

—¿Ya terminaste de hablar por teléfono? —Levantó una ceja. En su expresión seductora, su sonrisa desprendía un toque de inocencia.

Era como si llevara dos máscaras, haciendo imposible distinguir cuál era la verdadera.

—Sí.

Aldana dejó su teléfono, apartó un lado de la manta y la miró fijamente.

—Deberías tomar menos vino por las noches, te hará daño.

—Mi pequeña mandona.

Lourdes chasqueó la lengua, pero dejó la copa. Se deslizó en la cama junto a Aldana, abrió mucho los ojos y examinó su rostro con detenimiento.

Aldana se tocó la mejilla.

—¿Qué miras?

Lourdes sonrió con picardía.

—Estás más hermosa que cuando te conocí. Tienes una figura envidiable. Eso demuestra que Rogelio te ha cuidado muy bien.

—¿De verdad?

¿Se había encariñado?

Igual que cuando uno adopta una mascota; una vez que te acostumbras, es imposible soltarla.

***

Al día siguiente.

Faltaba solo un día para la boda.

Apenas despertó, Aldana fue arrastrada a un rincón por Sombra. Frotándose las manos y con los ojos brillando de emoción, la miró fijamente:

—Mañana te casas, así que te he organizado una fiesta de despedida de soltera.

—¿Una despedida de soltera?

Aldana ladeó la cabeza. Había escuchado sobre eso.

—Cosas hermosas para ver, comida deliciosa, pura diversión y... cosas agradables para tocar. ¡Lo tiene todo!

Sombra estaba más emocionada que la propia novia.

—¡Vamos, vamos!

¿Comida deliciosa?

A Aldana se le iluminaron los ojos.

—¡Vamos!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector