—¿Se te ofrece algo?
Gilda lo miró con confusión, su expresión era fría y su tono aún más cortante.
—Abrieron un restaurante nuevo en el norte de la ciudad y me encantaría invitarte a cenar.
Máximo habló con absoluta sinceridad.
—Gilda, me salvaste la vida. No quisiste aceptar la pulsera, ¿tampoco aceptarás esta invitación a cenar?
—¡No!
Gilda apretó el asa de su bolso y lo rechazó sin titubear.
—No me interesa ningún restaurante. ¡Ve a comer tú solo!
Hoy no tenía mucho apetito.
—Además, ya recibí tu agradecimiento. No necesitas molestarte más.
Justo cuando terminó de hablar, Dalia llegó manejando, bajó la velocidad y le hizo señas:
—¡Gilda, sube!
—Adiós.
Gilda se despidió con tono estrictamente profesional y subió al auto sin mirar atrás.
Dalia, muy obediente, subió la ventanilla.
Sin esperar a que Máximo dijera otra palabra, pisó el acelerador a fondo.
El auto se alejó a toda velocidad.
Máximo se quedó parado en el mismo lugar, abrazando las flores. Su cabello, cuidadosamente peinado para la ocasión, terminó alborotado por el escape del vehículo.
No importaba.
Tenía tiempo y energía de sobra. Estaba seguro de que lograría conquistar a Gilda.
***
—¿Quién te enseñó a manejar así?
Gilda giró la cabeza, miró a Dalia y frunció el ceño.
—Héctor —respondió Dalia, sintiéndose un poco culpable—. Lo siento, la próxima vez seré más cuidadosa.
¿Héctor?
Apenas había pasado un día sin verlo y ya sentía que había pasado una eternidad.
Escuchar su nombre nuevamente le provocó una extraña sensación de vacío.
—Sigue conduciendo —dijo Gilda, sin darle más vueltas al asunto.
—Sí.
Dalia asintió obediente, bajó la velocidad y no pudo evitar preguntar:
—Gilda, casi no comiste nada hoy al mediodía. ¿Quieres que pasemos a comprarte algo?
—No es necesario.
Gilda cerró los ojos y murmuró:
—Solo llévame a casa.
—Entendido.
Dalia no se atrevió a hacer más preguntas y llevó a Gilda sana y salva a su departamento.
Después de ver cómo se encendían las luces de su ventana, tomó su teléfono y le envió un mensaje a Héctor:
[Señorito Héctor, Máximo acaba de buscar a Gilda y le trajo flores.]
Héctor respondió de inmediato:
[¿Y qué pasó? ¿Gilda las aceptó?]

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